Revisionando Las Chicas de Hoy en Día, una de las mejores series españolas de todos los tiempos

14 septiembre 2014

 

Carmen Conesa y Diana Peñalver en Las Chicas de Hoy en Día

Foto: TVE

Vi “Las Chicas de Hoy en Día” de pequeña. No era una serie para mi edad por aquel entonces cuando TVE la estrenó el 16 de septiembre de 1991 pero en mi casa me dejaban verla. En 2006 la revisioné por segunda vez, y me arrepentí muy mucho de no haberla grabado, salvando solamente un puñado de episodios para la posteridad. El año pasado la emitieron de nuevo y entonces sí que pude grabarla de principio a fin y hace poco editarla para quedármela para siempre en vista de que los DVD’s no llegarán nunca a este paso. La semana pasada acabé de revisionarla y todo interesado en verla de nuevo o descubrirla, por qué no, puede hacerlo a través de la web de Radiotelevisión Española ya que en julio se dignaron, por fin, a subirla.

Creada por Fernando Colomo que también la dirigió y coescribió junto a Joaquín Oristrell, “Las Chicas de Hoy en Día” arrancaba cuando Nuri Rocamora (Carmen Conesa) llega en tren a Madrid desde su Barcelona natal para hacer una prueba en el teatro porque su sueño es convertirse en actriz. Llega tarde a la prueba y en la puerta del teatro conoce a quien será su compañera de correrías durante los 25 episodios siguientes, Charo Baena (Diana Peñalver), una chica de Sevilla que lleva un año buscándose la vida en Madrid para también convertirse en actriz.

La sintonía de Bernardo Fúster y Luis Mendo, mítica:

Las propias protagonistas cantaban la canción de la serie cuya cabecera era un videoclip en toda regla. En ella se dice “como cara y cruz, como sombra y luz” y es que más diferentes no podían ser Charo y Nuri. La primera era muy alegre y despreocupada, se podría decir que algo inmadura también, pero ojo que carácter tenía, y era de familia humilde; la segunda era de familia bien, no sabía ni freír un huevo pero la habían educado bien. Ambas eran cabezotas, en eso sí que se parecían pero mientras Charo era más amable, Nuri era fría.

Cada episodio era una etapa en la vida de “Las Chicas de Hoy en Día”. “… se Conocen”, “… y el Problema de la Vivienda”, “… y el Teatro de Calle”, “…dan el Salto” y así hasta veintiséis entregas. Se grabó en 1990 pero claro queda, y no solo por sus títulos, que en todos estos años los problemas a los que se enfrentaban Nuri y Charo son los mismos problemas que hay ahora por lo que en ese sentido la serie nunca pasará de moda.

Su estética era muy de finales de los años 80 y se grabó en muchos exteriores así como en interiores como ese pisazo de Madrid en el que Nuri y Charo vivían teniendo de vecinos a la tercera pata de la historia, Julián quintana Macho (Juan Echanove) y a su abuela, una señora de armas tomar llamada Rafaela (María Luisa Ponte), que también era la casera de las chicas.

Juan Echanove y María Luisa Ponte en Las Chicas de Hoy en Día

Foto: TVE

Historias de todo tipo tuvieron las protagonistas pero por encima de todos una amistad muy bonita que varias veces corrió el peligro de desquebrajarse porque ambas luchaban por lo mismo, convertirse en actrices e iban a las mismas pruebas de casting. De hecho en uno de los episodios Charo y Nuri acaban zurrándose y amenazándose mutuamente con un cuchillo y un tenedor. Sí, “Las Chicas de Hoy en Día” era una comedia pero tenía esos momentos dramáticos que aportaban mucho sobre todo a la relación de las protagonistas.

Julián, enamorado de Nuri desde que la vio, solía ejercer de intermediario entre ambas, igual que Charo hacía de intermediaria entre Julián y Nuri porque esta no solía interceder más que por ella misma, todo sea dicho. Entre sus aventuras se incluyó un viaje a Nueva York que supuso un antes y un después en la serie porque Julián tuvo más protagonismo y peso en las historias, y la vida de las chicas, tras llevar un año de compañeras no fue la misma porque Charo volvió de la Gran Manzana con prometido y embarazo. Pero al igual que en la primera mitad de la serie le pasó a Nuri con un papel, Charo encontró el éxito y la relación volvió a enfriarse.

Pero la amistad de “Las Chicas de Hoy en Día” superaba cualquier cosa y así llegó el último episodio, el número veintiséis que originalmente se emitió el 16 de marzo de 1992. Fue un buen final pero agridulce también porque ni Charo ni Nuri sabían qué iban a hacer con sus vidas a partir de ese momento y ya hablaban de incluso volver a sus ciudades de origen. Y hablaba de haber un antes y un después porque quizá en algunos episodios ambas interactuaban menos y eso la historia lo notaba.

Diana Peñalver y Carmen Conesa en Las Chicas de Hoy en Día

Foto: TVE

Pero a pesar de algún episodio flojo, “Las Chicas de Hoy en Día” para mí siempre será una de las mejores series españolas de la historia de la pequeña pantalla, en parte por sus dos personajes principales y el gran trabajo de las actrices que les dieron vida. La química entre Diana Peñalver y Carmen Conesa era indudable y la que ambas tenían con Juan Echanove también, que como digo él era la tercera pata, pero creo que nunca en una serie se ha visto tanta naturalidad en las actuaciones llegando incluso a parecer muchas veces que improvisaban, que yo creo que lo hacían.

Y no puedo acabar sin hablar de todos los secundarios que aparecieron en la serie, no solo Echanove y Ponte, qué grande es el primero y qué grande era la segunda, sino desde Antonio Resines a José María Pou (aunque doy fe de que él no se acuerda haber aparecido en la serie como me dijo en una entrevista que le hice hace años), Julieta Serrano, Marisa Paredes, Pilar Bardem, Tina Sáinz, Kiti Manver, el gran Pepe Sancho, Bibiana Fernández (cuando todavía era Bibí Andersen), Florinda Chico, Javier Gurruchaga, Michelle McCain, Nathalie Seseña, Carmen Balagué (que siempre soltaba la palabra “cómicas”), Isabel Ordaz, Santiago Ramos, Jesús Bonilla o el recientemente fallecido Roberto Cairo (su episodio lo vi casualmente a los 5 minutos de enterarme de su muerte).

Gracias Fernando Colomo por “Las Chicas de Hoy en Día”.


Muy entretenida segunda temporada de Criadas y Malvadas

29 agosto 2014

Promo de la segunda temporada de Criadas y Malvadas

Divinity finalizó en miércoles con los tres últimos episodios de la temporada lo que Telecinco comenzó semanas antes, la segunda temporada de “Criadas y Malvadas” (Devious Maids). Estos cambios así porque sí se siguen sin entender así que vi los episodios cortesía de Torrent el pasado lunes. Falta de respeto al espectador toda y más teniendo en cuenta que ni me respondieron a la pregunta que les hice vía Twitter… En fin, que por eso yo soy más de la tele por cable y de verme las cosas online, que decidí que las cadenas convencionales dejaran de tocarme las narices hace tiempo.

Pero a lo que vamos, a la segunda entrega de lo que yo ya llamo “Criadas desesperadas” porque la serie desarrollada por Marc Cherry, creador de “Mujeres Desesperadas” (Desperate Housewives), esta temporada ha tenido más paralelismos con su predecesora.

Ciertamente creo que es una gran serie para el verano, es blanca, ligerilla y llena de líos que mantienen semana sí y semana también el interés. Ahora, por ligera no entendáis mala o regular, por supuesto que no tiene la calidad para ser llamada una gran serie pero está bien y sus episodios se hacen muy cortos.

No inventa nada que no hayamos visto un millón de veces en otras series, eso es cierto, y que sea la única serie que ha puesto a cuatro latinas, dos nacidas en Nueva York todo sea dicho, al frente no es que sea su mayor reclamo tampoco. Pero bueno, ya llegaré a lo que más me gusta de “Criadas y Malvadas” en un poquito.

Me equivoqué completamente cuando al finalizar la primera entrega el año pasado comenté que ya teníamos argumento para la segunda a cuenta de los problemas de Rosie (Dania Ramírez) con la inmigración estadounidense, pero lo cierto es que ya de buenas a primeras eso quedaba finiquitado. Lo que hemos tenido ha sido un misterio relacionado con el prometido de Marisol (Ana Ortiz), un asesinato de uno de los personajes fijos de la primera temporada, unos asaltacasas que juegan un papel más o menos importante con alguno de los personajes principales, los líos de los geniales Powell, y las no menos geniales escenas entre dos de mis favoritas: Zoila (Judy Reyes) y Genevieve (Susan Lucci). Aparte de varios chicarrones para alegrar la vista.

La temporada ha estado muy entretenida, y a partir de aquí voy a soltar algún spoiler así que si no la has visto aún no sigas leyendo hasta las próximas negritas. 

Judy Reyes y Susan Lucci en la segunda temporada de Criadas y Malvadas

Ha contribuido a dicho entretenimiento el cambio que ha habido a raíz de lo de Rosie, que separada de Spence (Grant Show) ha tenido lo suyo en la casa en la que se emplea, una historia con bastante jugo y buenos momentos; pero es que Carmen (Roselyn Sánchez) empleada en casa del amor de su amiga ha sido la caña, aunque he de decir que yo sigo echando de menos a Odessa (Melinda Page amilton) que tras la muerte de Alejandro (Matt Cedeño) ha desaparecido del mapa y dejándonos sin sus buenas escenas con Carmen.

Pero, para escenas las de los Powell, Adrian (Tom Irwin) y Evelyn (Rebecca Wisocky) que tendrán los problemas que tengan, se tirarán los trastos a la cabeza o serán infieles pero son de los mejores personajes que hay en la serie. Así como las citadas Zoila y Genevieve que para mí, cuando están juntas en pantalla sube la calidad de la serie. Ya la inclusión de la nominada al Oscar June Squibb como madre de la segunda en un episodio fue brillante.

Ahora, si el año pasado para mí la cansina era Valentina (Edy Ganem), este ese mérito se lo merece Marisol por preguntona. Cierto es que su historia con Nick (Mark Deklin) no acaba bien y es muy triste sobre todo al descubrirse que él atropelló al hijo de los Powell. La verdad es que la historia estaba muy bien hilvanada.

Y llegamos al cliffhanger de turno, porque ni siquiera se sabe aún si habrá una tercera temporada pero así decidieron acabarla, con la boda de Rosie y Spence y el sobrino de este, enamorado de Carmen y con un grave trastorno psicológico, disparando… ¿A quién?

Rebecca Wisocky y Tom Irwin en la finale de la segunda temporada de Criadas y Malvadas

Fin de los spoilers.

De ABC pasó a Lifetime y esta no se ha pronunciado aún sobre una tercera temporada pero, particularmente quiero más porque en trece episodios se ha convertido en una serie más completa en mi opinión que “Mujeres Desesperadas” que al final acabó perdiendo el norte a pesar de los buenos momentos que también tuvo. “Criadas y Malvadas” es un divertimento muy recomendable.


Breaking Bad arrasa, merecidamente, en los Emmy 2014

26 agosto 2014
Bryan Cranston en los Emmy de 2014

Bryan Cranston. Foto de Christopher Polk/NBC – © 2014 Christopher Polk/NBC – Getty Images a través de IMDB.

Creo que nunca antes había acabado tan contenta, y sin gritar “tongo”, al terminar de ver una gala de los premios Emmy. Anoche se celebraron en Los Ángeles , ya van sesenta y seis ediciones, y su presentador, Seth Meyers, recordó que la última ceremonia realizada en lunes fue en el año 1976 y que nadie se acuerda de ella. De esta sí nos acordaremos porque, sin duda alguna, fue la noche de “Breaking Bad” que arrasó en la categoría de drama.

Los ganadores en las categorías principales fueron:

Mejor Serie Dramática: Breaking Bad.

Mejor Actriz Dramática: Julianna Margulies por “The Good Wife”.

Mejor Actor Dramático: Bryan Cranston por “Breaking Bad”.

Mejor Actriz de Reparto Dramática: Anna Gunn por “Breaking Bad”.

Mejor Actor de Reparto Dramático: Aaron Paul por “Breaking Bad”.

Mejor Serie de Comedia: Modern Family.

Mejor Actriz de Comedia: Julia Louis-Dreyfus por “Veep”.

Mejor Actor de Comedia: Jim Parsons por “The Big Bang Theory”.

Mejor Actriz de Reparto en Serie de Comedia: Allison Janney por “Mom”.

Mejor Actor de Reparto en Serie de Comedia: Ty Burrell por “Modern Family”.

Mejor Miniserie: Fargo.

Mejor Película para Televisión: The Normal Heart.

Mejor Actriz de Miniserie o Película para Televisión: Jessica Lange por “American Horror Story: Coven”.

Mejor Actor de Miniserie o Película para Televisión: Benedict Cumberbatch por “Sherlock: His Last Vow”.

Mejor Actriz de Reparto de Miniserie o Película para Televisión: Kathy Bates por  “American Horror Story: Coven”.

Mejor Actor de Reparto de Miniserie o Película para Televisión: Martin Freeman por “Sherlock: His Last Vow”.

En los Emmy creativos ganaron la semana pasada los que yo quería, excepto Tina Fey:

Mejor Actriz Invitada en Serie de Drama: Allison Janney por “Masters of Sex”.

Mejor Actor Invitado en Serie de Drama: Joe Morton por “Scandal”.

Mejor Actriz Invitada en Serie de Comedia: Uzo Aduba por “Orange is the New Black”.

Mejor Actor Invitado en Serie de Comedia: Jimmy Fallon por “Saturday Night Live”.

Allison Janney con su Emmy 2014

Allison Janney. Imagen de Jason Merritt – © 2014 Getty Images a través de IMDB

Muy bien Seth Meyers como maestro de ceremonias teniendo un monólogo inicial con muy buenos chistes, alguno no tanto pero ya hizo mención a ello, en una gala que sin anuncios duró cerca de dos horas y diez minutos y que para nada se hizo pesada a pesar de que alguna se tiró más de la cuenta encima del escenario para dar las gracias.

También hubo muy buenos puntos humorísticos a lo largo de la noche como esa ronda de preguntas en las que Julianna Margulies dijo que en caso de que Maggie Smith ganara el Emmy si se lo podía llevar ella ya que la actriz británica no estaba, una vez más, en los premios. Daba igual porque Margulies, algo que entraba en las quinielas, se volvió a llevar el premio a casa.

¿Sorpresas? Diría que pocas porque “Breaking Bad” era casi implacable y creo que los de “True Detective” cometieron un error subestimándola inckuyéndose en la categoría de Drama y no en la de Miniserie donde, probableente, hubiese arrasado. Se escuchó el “All right, all right, all right” de Matthew McConaughey en boca de su amigo Woody Harrelson cuando ambos nominados por su trabajo en la serie salieron a presentar pero ese premio, el de Mejor Actor de Drama, tenía el nombre de Bryan Cranston grabado antes de tiempo, en mi opinión, más teniendo en cuenta que el año pasado sí hubo sorpresa cuando se lo llevó Jeff Daniels, por lo que me alegré.

“Breaking Bad” se ha llevado sus últimos Emmy, Allison Janney ha ganado este año dos más para llegar a un total de seis, y contando como dijo al recogerlo porque, ella lo vale. “Modern Family”, Ty Burrell, “Jim Parsons” y Julia Louis-Dreyfus suman y siguen y creo que debería ponerme a ver “Veep”.

Aunque, recupero lo de las sorpresas porque la reacción de Kathy Bates cuando dijeron su nombre fue impagable cuando casi todo el mundo, ella incluida seguramente, pensaba que dirían el de Julia Roberts, que hasta le dedicaron un vídeo antes de ir a una pausa ante la estupefacción de sus compañeras.

Ah, y muy bonito el In Memorian con Sara Bareilles cantando “Smile” y ese homenaje de Billy Crystal a su amigo Robin Williams.

La lista completa de ganadores está en la web de los Emmy.


A Dos Metros Bajo Tierra, un atípico drama familiar sobre la muerte y la vida

13 agosto 2014

Reparto de la primera temporada de A Dos Metros Bajo Tierra

Ayer mismo terminé de ver una serie que tenía pendiente desde hacía tiempo, “A Dos Metros Bajo Tierra” (Six Feet Under) que finalizó hace casi diez años pero nunca es tarde ¿verdad? Creada por Alan Ball, estuvo en antena en HBO, no podría haber sido en otra cadena de todas formas, entre 2001 y 2005 estrenándose un 3 de junio y finalizando un 21 de agosto. Casualidad, empecé a verla en junio y la he finalizado en agosto.

“A Dos Metros Bajo Tierra” es un drama familiar donde el centro de casi todo es la familia Fisher, propietaria de la funeraria “Fisher & Sons” (Fisher e Hijos). Todo arranca cuando el patriarca Nathaniel (Richard Jenkins) tiene que ir a recoger a su hijo mayor Nate (Peter Krause) al aeropuerto para celebrar todos juntos la Navidad, pero Nathaniel muere y lo que tienen que celebrar los Fisher es un funeral.

Aunque David (Michael C. Hall), el hijo mediano, lleva la funeraria junto a su padre porque Nate decidió huir de esa vida, la viuda Ruth (Frances Conroy) le pide a su primogénito que se quede para ayudar con el negocio familiar. Nate accede y más después de haber conocido a Brenda Chenowith (Rachel Griffiths) en el aeropuerto. En la funeraria también trabaja Federico Díaz (Freddy Rodríguez) alias Rico, y la familia Fisher también cuenta a Claire (Lauren Ambrose) como miembro, ya que es la benjamina de los hijos de Ruth y Nathaniel, que aún sigue en el instituto.

Freddy Rodríguez, Peter Krause y Michael C. Hall en A Dos Metros Bajo Tierra

Así arranca la historia de este grupo de personas en las que sobresale Nate ya que aunque sea una serie coral, él es el más protagonista. Pero “A Dos Metros Bajo Tierra” no es un típico drama familiar, es lo contrario, atípico, y no solo porque la familia sea la dueña de una funeraria y haya muchas muertes, sino porque ninguno de sus miembros es perfecto, tienen muchos problemas a lo largo de la serie y pueden llegar a ser lo mejor en un momento y lo peor al siguiente.

Eso sí, creo que jamás había visto en una serie una evolución tan clara de los personajes, tanto principales que serían los Fisher, Brenda y Rico, como secundarios e invitados porque hay que ver el juego que dieron los personajes de Sarah (Patricia Clarkson) y Bettina (Kathy Bates), hermana y amiga de Ruth, respectivamente. Así, en cinco entregas todos sufren por amor, por desamor, por problemas de salud, por preocupaciones varias… Y llegan a aprender de sus errores y a darse cuenta de que tal vez quieran otra cosa para avanzar en su vida.

A partir de aquí spoilers, así que si aún no has disfrutado de la serie, no sigas leyendo hasta nuevo aviso.

Nate, por ejemplo, es un tipo que a las primeras de cambio cae bien, aunque en mi caso puede ser porque me gusta Peter Krause. Pero a lo largo de la serie tiene sus momentos de oscuridad, hasta llegar a tres episodios del final en el que se comporta como un auténtico imbécil con Brenda. Si bien es cierto, su relación nunca fue nada fácil excepto en sus primeros momentos y por mucho que lo intentaran, tal vez nunca hubieran sido felices juntos… Aunque irónicamente, al final lo estuvieron hasta el final cumpliendo sus votos matrimoniales. Creo que nunca he visto en televisión una relación tan complicada como la de Nate y Brenda, en parte por el carácter de Nate pero también por todos los fantasmas del pasado de Brenda.

Tal vez los Fisher no fueran una familia disfuncional a pesar de que Ruth se casara muy pronto con Nathaniel y tuviera a sus hijos muy joven y acabara poniéndole los cuernos; Nate huyera tan pronto como pudo; David guardó el secreto de su homosexualidad tanto como pudo; y Claire no conociera prácticamente nada a los dos Nathaniel de su familia.

Rachel Griffiths y Peter Krause en A Dos Metros Bajo Tierra

Para disfuncionales los Chenowith porque Margaret (Joanna Cassidy) y Bernard (Robert Foxworth) fastidiaron la infancia a sus hijos Brenda y Billy (Jeremy Sisto) y así salieron ambos, aunque dudo que la bipolaridad del segundo fuera porque sus padres dieran fiestas subidas de tono en casa día sí y día también. De hecho Brenda es el personaje especialista en relaciones complicadas porque la suya con su madre tiene tela también, aunque al final se acercan bastante, pero la que tiene con Billy es de armas tomar y no queda nada claro si en realidad lo mismo que Billy sentía por ella, y no hablo de amor de hermano, lo sentía ella por él.

David también tiene lo suyo con su novio Keith (Mathew St. Patrick), con quien primero no quiere admitir que está saliendo ante nadie, y con el que acabará rompiendo y volviendo. En realidad los dos hijos de los Fisher tienen una relación de idas y venidas bastante importantes aunque al menos David y Keith sí que llegaron a ser felices juntos.

Claire no tenía suerte en el amor hasta que le llegó de sopetón con Ted (Chris Messina) cuando su oportunidad de tratar de lograr algo como fotógrafa se le presentó. Sus relaciones previas no salieron nada bien. Pero tras quedarse viuda Ruth también tuvo las suyas, alguna muy extraña como la que tuvo con Arthur Martin (Rainn Wilson) o insana como la que tuvo con su jefe Nikolai (Ed O’Ross). Hacia el final de la serie se ve a Ruth disparando a los hombres de su vida amorosa y no era para menos porque realmente ¿alguno la hizo feliz de verdad? Tal vez George (James Cromwell) en sus buenos momentos.

Patricia Clarkson, Frances Conroy y Kathy Bates en la quinta temporada de A Dos Metros Bajo Tierra

La felicidad no es marca en “A Dos Metros Bajo Tierra” ya que la desgracia por una u otra razón azotaba una y otra vez a sus protagonistas y secundarios. Las muertes del principio de cada episodio solían ser bastante irónicas y casi ninguna por enfermedades o violencia, pero hubo algún momento truculento como la muerte de la primera esposa de Nate, Lisa (Lily Taylor), cuyo personaje también evolucionó de ser simpática a resultar muy cansina aunque, en parte mucha culpa también fue de Nate.

Así, todo acabó prácticamente como empezó, con la muerte de Nathaniel, el padre en el piloto, Nate a tres episodios del final. El primero se apareció como fantasma durante las cinco entregas, el segundo en los tres últimos episodios y ambos acabaron, excepto en las dos últimas escenas fantasmagóricas de la serie, siendo unos horripilantes fantasmas que estaban para hacer sufrir a quienes se les aparecían, fueran Brenda o David.

El final… Realmente bueno. Con un episodio de 72 minutos (lo normal era que fueran entre 46 y 60 minutos) en el que los últimos 10 fueron de despedida con una Claire yéndose en coche hacia Nueva York mientras éramos testigos de cómo seguía la vida de los Fisher, Brenda y Rico y de sus muertes hasta la última, la de la propia Claire, y de un último fundido a blanco, porque esta serie es muco de fundidos a blanco, lo negro ya estaba en la historia. De llorar, como los dos anteriores, con esas escenas de todos frente a la tumba de Nate, cavando, rotos por el dolor…

Finale de A Dos Metros Bajo Tierra

Fin de los spoilers.

La muerte está muy presenta a lo largo de la serie, obviamente, pero en el fondo “A Dos Metros Bajo Tierra” trata mucho sobre la vida, la vida de esos fantásticos personajes genialmente interpretados por sus actores, aunque lo de llorar a Peter Krause le sale forzado, que durante cinco temporadas aportaron mucho.

Me ha gustado la serie, la he disfrutado bastante y creo que por derecho propio se merece estar entre los mejores dramas televisivos de la historia dela televisión, tal vez incluso sea el mejor drama familiar aunque, como decía antes, atípico. Muy recomendable.


Perfecto broche de oro para la cuarta y última temporada de The Killing

8 agosto 2014

Mireille Enos en el último plano de The Killing

Hace una semana llegó la fecha señalada por Netflix para el estreno de los seis últimos episodios de una serie que salvó de la muerte por segunda vez, para que quienes han contribuido a hacerla grande y para quienes queríamos más, porque merecía ser cerrada y no dejada con un fundido a negro y un cliffhanger, tuviéramos lo que nos merecíamos, lo que “The Killing” merecía.

Una semana después, y curiosamente justo un año después de que viera ese final que todos pensamos que era el definitivo, ya puedo decir que he visto la última temporada de una de mis series preferidas, una de las mejores series policíacas de todos los tiempos y una gran serie sin duda porque, para gustos obviamente pero la calidad de “The Killing” es indudable.

El argumento de la cuarta entrega de la serie desarrollada por Veena Sud tomando como base la danesa “Forbrydelsen” se resume en que tras lo acontecido en la temporada anterior los detectives Sarah Linden (Mireille Enos) y Stephen Holder (Joel Kinnaman) tienen que lidiar con lo que hicieron tratando de salirse con la suya mientras investigan un nuevo caso, el de la familia Stansbury cuyo único superviviente, Kyle (Tyler Ross) estudiante en la academia militar Saint George, salvó la vida a pesar de un tiro en la cabeza pero no recuerda nada.

Pero decir que la última temporada de la serie trata solo de eso no es solo quedarse corto sino faltar a la verdad, porque eso es el argumento superficial de todo lo que en seis fantásticas horas de televisión se nos muestra. La cuarta temporada de “The Killing” ve de personas rotas. Por un lado tenemos a Linden y a Holder tratando de seguir adelante mientras su relación se resquebraja poco a poco, con ella completamente desesperada y aterrorizada diría yo sin ver una salida clara a lo que hizo y él le ayudó a encubrir; y con él madurando a marchas forzadas tratando de que ella no se venga abajo y todo su plan se vaya al garete.

Joan Allen en la cuarta temporada de The Killing

Por otro lado está Kyle Stansbury, un chico que se ha quedado solo a pesar de que ya lo estaba, aunque su hermana pequeña era la única que le apreciaba y a la que él apreciaba, condenado a tratar de acordarse de qué sucedió la noche que su cerebro ha borrado en una academia militar donde sus compañeros no le tienen simpatía y la coronel Margaret Rayne (Joan Allen) ha de ser su tutora. Ella también tiene lo suyo, con la pérdida de alguien a quien quería y de su puesto en el ejército resignada a dirigir una escuela rodeada de chicos con problemas a pesar de que todos son de familias bien con el baile como única salida para escapar de su realidad.

Y lo increíble es lo relacionadas que están las historias de Kyle y Margaret con la de Sarah, con ese tipo de frases que uno y otra le sueltan y con las que ella se siente identificada porque su cara lo dice todo. Seremos fans de Linden y Holder, la cuarta temporada habrá sido sobre ellos especialmente pero “The Killing” es más la historia de Sarah que otra cosa, de hecho con ella se abre y se cierra el círculo: Linden corriendo por el bosque hasta llegar al lago en el piloto, Linden corriendo por el bosque hasta llegar al lago en la apertura de la finale.

A diferencia de que quisiéramos saber quién mató a Rosie Larsen (Katie Findlay) en las dos primeras entregas y sufriéramos con el dolor de su familia, o de que tuviéramos tremendas ganas de que el asesino de la tercera temporada fuera apresado y pagara por todo lo que hizo por Bullet (Bex Taylor-Klaus) o por Kallie (Cate Sproule), por Ray Seward (Peter Sarsgaard) o incluso por la propia Linden; en esta temporada final el caso de asesinato investigado no ha dado vínculos emocionales en lo que a las víctimas se refiere, sino solamente con Kyle y tal vez con Margaret porque los demás personajes de la historia, los otros dos cadetes básicamente, solamente han aportado ese toque de intriga que la investigación necesitaba.

Tyler Ross en la cuarta temporada de The Killing

Ni siquiera, a diferencia de las otras temporadas, la historia ha dado para teorizar. Ha sido un viaje emocional en toda regla en el que hemos podido ser testigos de algo más personal sobre los protagonistas y de un caso muy bien montado por la relación con Sarah de la que hablaba.

A partir de aquí y hasta nuevo aviso spoilers así que si aún no has finalizado “The Killing”, no sigas leyendo hasta el próximo aviso.

Miedo ha dado Linden. Miedo porque nunca la habíamos visto tan hundida, ni siquiera cuando estuvo en el psiquiátrico, ni siquiera cuando tuvo que mandar a su hijo Jack (Liam James) lejos de ella. Desesperada, sacando fuerzas de donde no las tenía para hacer frente no solo a la coronel Rayne sino al detective Carl Reddick (Greg Henry) cuando este ata cabos y descubre lo que ella y Holder hicieron y empieza a apretarles las tuercas. Y enajenada dispuesta a atropellar y no mirar atrás a la hija de su exnovio y exjefe James Skinner (Elias Koteas) para que dejara de atormentarla.

Rompió un espejo y su imagen quedó desfigurada, no hacían falta palabras para indicarnoslo porque en “The Killing” es tan importante lo que se dice como lo que no. Y en su línea, trata de alejarse y alejar a todo el mundo a quien le importa y que le importan de ella porque, su madre Gena (Frances Fisher) la abandonó y como le dice cara a cara cuando Sarah va a verla para que se encargue de Jack si le pasa algo o tiene que marcharse “No soy buena en quedarme, creo que te pareces mucho a mí”. Al menos Linden consiguió lo que seguramente habría querido saber durante toda su vida, por qué en el día más feliz de su vida su madre la abandonó, y tal vez ello hizo que el resto fuera tan infeliz.

Mireille Enos, Joan Allen y Joel Kinnaman en la cuarta temporada de The Killing

Claro que Stephen ha tenido lo suyo también. Primero haciendo de Linden, siendo el maduro, el fuerte, el que trataba de que su compañera no se desmoronara para que ambos no acabasen entre rejas. Después volviendo a las andadas, con las malas formas y el coqueteo con la droga y refugiándose en la religión preguntando dónde estaba Dios porque él desde luego no le encontraba por ninguna parte para que le ayudara.

Al menos decidió que podría ser alguien siendo un buen padre y marido con Caroline (Jewel Staite), pero los reproches de su hermana y de la propia Sarah no le ayudaron a creérselo del todo. Eso sí, se negó a decirle nada a Reddick y no precisamente para protegerse a sí mismo, y su mirada lo dijo todo cuando a Linden se le fue la olla y le acusó de haber escondido el casquillo y de haber hablado. Una de las escenas más duras de la serie, porque en ese punto no hay retorno, todo se podía ir a la mierda.

Pero como Reddick le dice a Sarah, los que tienen conciencia son los que acaban confesando y ella no duda en hacerlo porque es algo que debe hacer, se lo debe a ella, se lo debe a Stephen, de lo debe a todas las chicas a las que Skinner mató y a la hija de este. Y ahí, de la nada regresa Darren Richmond (Billy Campbell) para decirle que si se supiera lo que Skinner hizo sería una desgracia, que se suicidó y que quien mató a las chicas fue Joe Mills. Pero Sarah quiere llegar a la prensa si hace falta y Richmond le dice que a nadie a más que a él le gustaría encerrarla porque por ella está en silla de ruedas, pero que con su historial psiquiátrico no la creerían. Y ya sola en la sala de interrogatorios se toma su tiempo para ponerse bien la coleta y mirar al espejo sabiendo que al otro lado del cristal está su compañero, su amigo Holder mirando en lo que cobra un tono de despedida repentino cuando vemos su placa en la mesa.

Mireille Enos y Joel Kinnaman en la finale de The Killing

Pero antes de esos geniales catorce minutos finales con unos prodigiosos ocho hasta los créditos, vuelvo al caso de asesinato. Un caso en el que Kyle no engaña solamente a Linden que lo toma bajo su protección como si de su propio hijo se tratara, sino a todos los espectadores porque todo estaba muy bien orquestado para que nos diéramos cuenta de que Margaret Rayne ocultaba algo, me lo olí un pelín antes de que llegara la confesión de que Kyle era su hijo y le estaba protegiendo, y de que el chico era quien había acabado con su familia. Un cierre duro también con Rayne confesando cuatro asesinatos que no había cometido tras sí acabar con la vida de dos de sus chicos, los que también habían hecho que pensáramos en ellos como los ejecutores de los Stansbury.

Holder va al cementerio a entregarle a Danette (Amy Seimetz) la madre de Kallie un pendiente de su hija y a disculparse por lo que le dijo cuando ella trató de ir a ver el cadáver de su hija. Incluso le pregunta por Sarah, pero él se marcha sin dar explicaciones derecho a la tumba de Bullet donde deja su colgante. Y suena esa música con la que acababan los episodios… No es el caso esta vez ya que se ve cómo Linden deja vacía su casa, encuentra el casquillo que le acusó a Stephen de haber cogido y se marcha echando un último vistazo al lago, al bosque.

Joel Kinnaman en la final de The Killing

Sabemos que pasan unos años, cinco en concreto según he leído, porque vemos a Stephen con una niña de nombre Kalia a la que deja en el autobús escolar prometiendo que la recogerá en casa de su madre lo que indica que su matrimonio con Caroline no funcionó. Y después le vemos en su trabajo, lo que parece un grupo de apoyo religioso a adolescentes y al salir del edificio sus ojos se posan en quien le está esperando, Sarah, a quien recibe con un chiste y ella con una sonrisa.

Y llega esa disculpa que él se merecía y la explicación de que tras buscar un hogar toda su vida lo encontró en ellos. “Éramos tú y yo juntos en ese estúpido coche dando vueltas y fumando cigarrillos”, le dice, añadiendo que debería haber sabido que él era la única persona que siempre estaba y su mejor amigo. Y Holder le dice que se quede pero ella se marcha después de darse un gran abrazo… Cinco minutos en los que los ojos de cordero de él hicieron que la tensión sexual no resuelta fuera más que palpable, cinco minutos en los que pasé diciendo “bésala, bésala”. (Que conste que cuando empiezan a separarse parece que hay un momento beso, pero no, aunque Veena Sud ha dicho que en una de las tomas cuando la grúa no les estaba grabando a ellos siguieron con la escena y sí hubo beso porque no sabía qué hacer. Nadie lo grabó y unos pocos lo vieron solamente).

Pero Sarah se marcha, huye en coche por un “Seattle” lluvioso con algún resquicio de sol. Y va al lago, donde empezó todo, donde parece que iba a acabar todo con ese típico, clásico plano de “The Killing” con ella de espaldas frente al agua… Pero aún había algo más, por si ya no estábamos llorando, que yo aún no había empezado porque solo podía decirle a la pantalla “vuelve, vuelve”. Porque lo hace, Holder la ve, ella sale del coche y sonríe (la imagen es la del inicio de esta entrada).

Ahí empezaron los lloros pero no la sensación de vacío que me suele quedar cuando una serie que me encanta se acaba porque todo había sido perfecto de principio a fin, sin un pero, solo grandeza (que soy muy fan, que sí, que sí, lo sé).

Mireille Enos en la finale de The Killing

Fin de los spoilers, ya puedes retomar la lectura si los has saltado.

Prácticamente han sido seis horas de nervios, tensión y muchas emociones. Y “Eden” el último episodio escrito por Veena Sud como no podía ser de otra manera y dirigido magistralmente por Jonathan Demme ha sido muy intenso. Qué gran uso de la música una vez más, qué gran fotografía de principio a fin.

Han hecho justicia a toda la serie y nos han brindado este regalo porque la serie lo merecía, porque nosotros lo merecíamos. Y una vez más no me queda más que dar las gracias a Veena Sud, a Netflix por rescatarla, a todos los que han trabajado por estas seis horas y a esa pareja protagonista que se ha vuelto a lucir. Y se quedarán sin reconocimiento pero ¿qué más da? Ya se lo damos nosotros.

Oficialmente “The Killing” es historia de la televisión, no tendremos más pero siempre nos quedarán los revisionados y creo que mi primero no tardará mucho en llegar. Grande, ¡viva “The Killing”.


The Killing ya está en Netflix

1 agosto 2014

Cuarta temporada de The Killing

Hoy es el día del regreso de “The Killing” para su cuarta y última temporada. El portal Netflix, el encargado de traerla a la vida por segunda vez no ha perdido el tiempo y ya ha puesto los seis episodios que forman la temporada en streaming para quienes puedan verlo, en Estados Unidos al menos, los disfruten. Toco madera porque los compartidores se den prisa para que el resto la podamos ver.

Esta entrega cierra la historia de los detectives Sarah Linden (Mireille Enos) y Stephen Holder (Joel Kinnaman) y arranca en el mismo punto en el que finalizó la tercera entrega. Un nuevo caso hará que los detectives investiguen, el asesinato de un cadete en una escuela militar de chicos dirigida por la coronel Margaret O’Neal (Joan Allen). Con ellos regresan el detective Carl Reddick (Gregg Henry) y al parecer también el hijo de Linden, Jack (Liam James). Además, conoceremos a la madre de la detective a la que da vida Frances Fisher.

Serán casi seis horas de televisión porque, como indicó hace unas semanas Veena Sud, productora y desarrolladora de “The Killing”, Netflix no tiene cortes de publicidad por lo que los episodios no tienen que tener el metraje habitual.

Ganas hay muchas de ver cómo acaba no de que acabe porque sí, ya hay que volver a hacerse a la idea pero definitivamente esta vez, porque tres resurrecciones serían demasiado (¿o no?), de que aquí se cierra la historia, aquí acaba esta gran, gran, gran serie que a quienes nos cautivó desde el primer momento no ha hecho más que darnos fantásticos momentos.

Así que ahora solo falta esperar a que esté disponible para disfrutar del final de una serie que espero el tiempo ponga en el pedestal en el que debe estar.

Imagen: The Killing


24: Live Another Day, la mejor 24 desde la quinta temporada

16 julio 2014

Promo de 24: Live Another Day

“Jack is back” , rezaban las promos de FOX antes y durante la emisión de la novena temporada de 24″, subtitulada como Live Another Day”. Sin haber visto la octava temporada, culpa de la mala emisión en España y de las peores sexta y séptima temporada, tenía ganas de volver a ver a Jack Bauer (Kiefer Sutherland) en acción. Ganas e ilusión porque “24” hasta la quinta temporada me pareció una muy buena serie, y para su regreso no pude evitar, una es friki sí, ponerme mi camiseta de la serie.

Pero su inicio no me pareció nada prometedor. Es más, en una de mis colaboraciones en la web FrikArte escribí sobre los cuatro primeros episodios de “24: Live Another Day” mostrando mi descontento. Claro que, tras la vuelta de vacaciones y ver lo que me había perdido en unas semanas, los cinco episodios del tirón que visioné, del séptimo al undécimo, me hicieron cambiar de parecer. Volví a las andadas, a disfrutar “24” en una alta dosis, léase visionar hasta cinco episodios seguidos, y a engancharme queriendo, más y más.

Así que me retracto y debo decir que “24: Live Another Day” ha sido lo mejor de la serie desde el fin de la quinta temporada, y eso que entre una y otra hubo tres temporadas y una película para televisión.

Tras desaparecer tras ser llamado traidor por su país, Jack Bauer aparece cuatro años después en Londres donde el presidente James Heller (William Devane) ha ido a convencer al Primer Ministro británico Alastair Davies (Stephen Fry) de que no les dejen sin una base primordial para sus drones. Pero lo que no saben ni él, ni su jefe de gabinete Mark Boudreau (Tate Donovan), ni el Primer Ministro, ni mucho menos su hija Audrey (Kim Raver), casada con Boudreau, es que una terrorista de nombre Margot Al-Harazi (Michelle Fairley) pretende atentar contra la capital de Inglaterra.

Kiefer Sutherland y Mary Lynn Rajskub en 24: Live Another Day

Eso lo sabe Jack Bauer, que se presenta con un amigo que le ayuda y protege y que va a buscar a Chloe O’Brian (Mary Lynn Rajskub) quien tras la muerte de su marido e hijo huyó a Londres y ayuda a una organización liderada por Adrian Cross (Michael Wincott), que es una especie de Julian Assange.

Jack necesita a Chloe no solo para encontrar a Al-Harazi, sino para que le ayude con todo lo tecnológico y las comunicaciones y Chloe le ayuda a pesar de que a Cross no le guste nada. Pero claro, Jack no lo tiene fácil porque detrás de él está la CIA con Steve Navarro (Benjamin Bratt) al frente de la oficina londinense y los agentes Kate Morgan (Yvonne Strahovski) y Erik Ritter (Gbenga Akinnagbe) tras sus talones.

Pero Heller confía en Jack, Audrey confía en Jack y ate acaba confiando en él porque ¿quién mejor que Jack Bauer para salvar un día más? Ellos lo saben, nosotros lo sabemos y él también.

No creo que a Benjamin Bratt le sacaran demasiado partido pero estaba bastante claro, creo yo, por dónde iban a ir los tiros de su personaje. Los personajes de Tate Donovan siempre me parecen bastante cansinos y esta vez no me ha parecido lo contrario, de hecho estaba deseando que Audrey se enterara de todo lo que su marido estaba haciendo por detrás y que le pegara un bofetón.

Los seis primeros episodios, como decía, ni fu ni fa, de hecho la hubiese dejado de ver gustosa pero quería ver por dónde iban los tiros y por suerte lo hice aunque la mala no me acababa de convencer tampoco ni sus problemas familiares que no me interesaban lo más mínimo.

Gbenga Akinnagbe y Yvonne Strahovski en 24: Live Another Day

Pero llegó el episodio siete y con él los spoilers porque ahora me voy a explayar así que si no has acabado la temporada no sigas leyendo hasta nuevo aviso.

La búsqueda de Al-Harazi más cerca que nunca, Jack y Kate trabajando codo con codo y los tejemanejes de Cross, Navarro y Boudreau al descubierto. Los rusos al acecho de Jack con ayuda de Mark, Heller siendo amenazado y ofreciendo su vida para que los terroristas no lleven a cabo su cometido… Pero Jack salva a Heller, la gratitud de Audrey vuelve a tenerla porque nunca la perdió, Al-Harazi muerde el polvo, o el asfalto mejor dicho, y “24” da un nuevo giro, ese que siempre tenía a mitad de temporada pero al final.

Entra un nuevo villano en acción, un viejo conocido: Cheng Zhi (Tzi Ma) quien, como bien recuerda Chloe, tuvo a Jack prisionero y torturándole durante más de un año y cuando Audrey fue a buscarlo le hizo lo mismo a ella. Audrey había ido a encontrarse con una amiga china para que ayudara en el intento de Heller de parar una guerra contra China, orquestado todo a cuenta del dispositivo con el que acabaron los terroristas manejando los drones, y acaba en el punto de mira de un francotirador de Cheng.

Llegamos al final, un episodio entre las 10 de la noche y las 11 de la mañana. ¿WTF? Todo tenía su explicación porque en cincuenta minutos ficticios, unos 35 reales, Jack encuentra a Chloe, a la que había secuestrado Cheng tras acabar con Cross, quien estaba colaborando con Navarro y con el chino; Kate salva a Audrey del francotirador pero no del segundo hombre de Cheng y la pobre y sufridora Audrey muere (¿por qué guionistas, por qué?); y Jack acaba pillando a Cheng, haciendo que China retroceda en sus intenciones de ataque y decapitándole por Audrey.

Y mientras el ataud de Audrey va hacia el Air Force One con su padre destrozado no solo por haber perdido a su hija sino por saber que en breve no se acordará ni de que la tuvo alguna vez por culpa del alzheimer, Jack se intercambia por Chloe a quien los rusos se habían llevado y le dice que es su mejor amiga y que eche un ojo a su familia de vez en cuando. Jack se va en helicóptero con los rusos y el contador de “24: Live Another Day” se pone en las 10:59:59.

William Devane y Kim Raver en 24: Live Another Day

Me ha gustado el final, todo menos la innecesaria muerte de Audrey quien nunca hizo daño a nadie y a la que le hicieron sufrir más que a nadie en esta serie, Jack aparte. Un Jack que cuando Kate le da la mala noticia coge una pistola para quitarse la vida sin importarle nada ni nadie ni él mismo, consciente de que toda la gente que le acaba rodeando o queriendo acaba mal. Pero Jack salva el día, no esperaba menos ¿quién lo hacía? Menos eso creo que ha sido un muy buen final.

Fin de los spoilers.

A Kiefer Sutherland le va el papel que ni pintado y esta temporada al final ha servido para cerrar viejas historias, tal vez por eso al final me haya parecido buena porque ha sido genial ver a Heller otra vez y a Audrey. William Devane ha estado magnífico porque es un actor que se deja notar y creo que Kim Raver es muy buena actriz desde que empecé a ver “Turno de Guardia” (Third Watch) y de eso ya ha pasado mucho tiempo. Al principio no me convenció demasiado Yvonne Strahovski en su papel pero creo que lo ha hecho suyo y lo ha hecho bien. Y la nueva Chloe de Mary Lynn Rajskub parecía una yonki pero Chloe ha acabado siendo, una vez más, la mejor aliada del héroe Bauer.

Tal vez la fórmula de recuperar la serie esté en temporadas de doce episodios porque han sido capaces de abreviar y de introducir el indispensable giro, desde luego que funcionar ha funcionado y ha mantenido al interés, para mí, durante toda su segunda parte. La FOX estadounidense no se ha pronunciado sobre si renovará “24” para que el verano que viene tengamos más o no. Pero si este ha sido el final, bien por los guionistas y por la cadena por apostar por él, y si hay más tened por seguro de que lo comentaré porque si es tan bueno como estos doce episodios, volveré a engancharme.


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