
Aviso de spoilers.
Antes de nada me gustaría felicitar a todas las personas que acertaron en mi post sobre la séptima temporada de“Weeds” quién disparó a Nancy Botwin (Mary-Louise Parker). En ese mismo post dije que una octava temporada era necesaria y sí, desde luego que había que dar un cierre a toda la historia de esta peculiar y disfuncional familia.
La octava temporada nos ha traído de vuelta la cabecera, muy chula por cierto, y la canción “Little Boxes” en diferentes versiones, soy muy fan de la canción y me encantó que decidieran recuperarla. Aunque la trama de quién disparó a Nance fue rápida, tampoco es que fuera necesario que le dedicaran mucho tiempo porque la historia tenía que avanzar. Así, aunque lejos de sus mejores momentos, la octava y última entrega de “Weeds” ha sido interesante y ha llevado a una resolución de la historia realmente digna y buena.

Con Nance estancada a mi parecer a pesar de esos momentos en los que parece decidida a cambiar de vida, seguimos la evolución de otros personajes, sobre todo de Silas (Hunter Parrish) y Andy (Justin Kirk) porque Doug (Kevin Nealon) sigue en sus quince apareciendo en muchas escenas tipo gag y Shane (Alexander Gould) a pesar de acabar del lado de la ley sigue lejos de reformarse, es más, la cosa empeora sobre todo por sus malas compañías centradas en la figura de su mentor, el detective Frank Ouellette (Michael Harney).
Así, al negocio de la marihuana le buscan otras salidas mientras siguen los líos amorosos, y la relación entre Nance y su hermana Jill (Jennifer Jason Leigh) mejora considerablemente, todo un acierto que el personaje de Jill aparezca durante casi toda la temporada.

Y, el penúltimo episodio, antes del doble final, número cien de la serie nos lleva de vuelta a Regrestic, antes conocida como Agrestic y Majestic, con la cabecera mítica, la “Little Boxes” original cantanda por Malvina Reynolds. Y la nueva vida de los Botwin empieza a moldearse de cara a la season y a la series finale.
Mientras Nancy se reencuentra con Conrad (Romany Malco) y Guillermo (Guillermo Díaz), Silas se declara frente al amor de su vida, Megan Graves (Shoshannah Stern). Así, Nancy consigue nuevos socios para su negocio con Silas pero también que el deseo de Andy desde el principio se cumpla, porque que el bueno del tío Andy estaba enamorado de su cuñada es algo que se sabía desde hace mucho tiempo y tras enrollarse en plena calle, Andy deja a Nance allí en medio porque tiene claro que su amor no es correspondido.
Y así nos plantamos en el final, años después a esa última escena en la que descubrimos que Nancy es viuda de nuevo tras la muerte de su cuarto marido el rabino que conoce en cuya piscina no duda en bañarse desnuda (que conste que Mary-Louise Parker se quejó se su primer desnudo integral en la serie pero luego parece que no le ha importado exhibirse nunca más) y que se convirtió en el padrastro del pequeño Stevie, ahora con trece años de edad.

Y así, por el Bar Mitzvah se Stevie y con Nance con el protagonismo absoluto de la última hora de “Weeds” nos enteramos de cómo les ha ido la vida a los Botwin. Silas y Megan se casaron y son padres de una niña llamada Flora, Shane ha seguido el erróneo camino de Ouellette y es un policía alcohólico sin novia fija y con el rumbo totalmente perdido, Stevie quiere ir a un internado y Andy… No aparece pero Silas finalmente le cuenta a su madre que volvió a Ren mar y abrió un restaurante así como que tuvo una hija pero que no está casado. No me olvido de un Botwin aunque no de apellido, Doug ahora gurú que trata de reconciliarse con su hijo.
Y, vemos a otras caras conocidas que han pasado por alguna de las temporadas de la serie como la de Dean Hodes (Andy Milder) que le tira, sin éxito, los trastos a Nancy. Una Nancy que se da cuenta de que su familia se ha alejado mucho de ella y que han conseguido hacer algo que ella no ha sido capaz, seguir adelante. Así que al final decide vender su parte del negocio, ya legal, como el resto de sus socios y asume que se queda sola. Y así, ella misma fuera de su mansión acaba pensativa mientras se le unen Doug, Silas, Shane y Andy y todos comparten un porro.

No diré que Nancy se lo tiene merecido, tampoco que es el karma que al final se lo hace pagar sino que se merece tener otra vida e intentar ser feliz sin tener que preocuparse casi por nadie porque desde el primer momento, con sus errores y sus aciertos, lo único que Nance intentó fue liderar a su familia, ayudarla y mantenerla unida, una forma también de no sentirse sola. Ahora, sentí pena por ella, no puedo negarlo.
Un buen final cuyas últimas escenas pasaron de provocarme un nudo en la garganta a una gran sonrisa. Con los títulos de crédito ya me entró la nostalgia, anque eso suele pasarme cuando una serie que me gusta acaba.
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