El primer día de TVE sin publicidad

Viernes 1 de enero de 2010. La 1, la primera cadena pública amanece sin publicidad. Dan el anual concierto de Año Nuevo desde Viena y en vez de meter anuncios de juguete, turrones y coches en el intermedio, emiten un reportaje del diseñador Valentino, autor de los trajes de los bailarines que se ven en la emisión del concierto.

Los anuncios promocionales que ví se repetían, en dos minutos aunciaron la tercera parte de “Piratas del Caribe” dos veces, vale que uno de los spots era más largo que otro que si a la primera no había quedado claro, por si acaso metieron otro.

Las dos primeras películas que La 1 emitió sin cortes publicitarios fueron seguidas, tan seguidas que entre una y otra no dejaron ni los créditos. Deben rellenar un montón de minutos al año y digo yo que por qué no dejan los créditos, a muchos nos gusta verlos. Otra cosa también es que las ventanas emergentes con publicidad no han desaparecido, no me esperaba lo contrario para ser sincera, así que si no es ya poco que en los cortes que hay anuncien lo mismo dos o más veces, también durante las películas. Lo peor, que si la película de la noche empieza a las 22 horas ¿por qué lo hace un cuarto de hora más tarde? Falta de puntualidad absoluta.

Y, ¿no iban a dejar de emitir series estadounidenses? en La 2 llenaron la tarde, por ejemplo, con “Hércules” y “Smallville”. En fin, esta es la nueva televisión pública,.

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3 comentarios en “El primer día de TVE sin publicidad

  1. TVE,… de momento sin publicidad.
    En la película «Sospechosos habituales», Kevin Spacey le hace decir a Keyser Sozé: “La mejor jugada del diablo fue convencer al mundo de que no existía”.
    Adelantarse a la jugada como el autómata se adelanta al humano. La televisión pública, en una estrategia “Napoleónica”, comienza el año con el sueño más deseado del espectador más pasmado y desorientado. Un mundo televisivo sin cortes publicitarios ni tiempo para ir a evacuar lo que del cuerpo sobra. Pero ahora, puede ser, que cuando estamos viendo otra cadena, inconscientemente, el dedo actuante y ejecutor del mando a distancia pulse el botón de la “primera”, porque “cree”, que no hay anuncios ni reclamos del tormento que provoca interrumpir el momento más álgido de una película, para mostrarnos un champú retavilizador para cabellos grasos o cabellos o secos, o para cabello sucios…, o un fregasuelos de brillo insuperable que ni mármol de Carrara. Pero el mal puede ser ciego. Porque…, ¿puede ser una treta y engaño de la publicidad subliminal disfrazada? Esto es; la que no entra por la retina, sino por los recuerdos de sus “archivos” y reportajes de añoranza que suelen poner en TVE, donde pueden soltar un anuncio del Cola Cao, o de una nevera de hace treinta años, o de un perfume con esencias de “aromas del Caribe”, que todavía deja huella. Porque algunas de esas marcas, todavía existen. Actuando como un almacén de los recuerdos, que se activa por condicionamiento, dibujando un esbozo que invoca a una regresión de aquello que parecía estar olvidado. Pero que durante años, ha estado guardado en nuestro cerebro, como un duendecillo con melodía de campañillas que se acciona con un melancólico recuerdo de: “Un verano azul”. Pongamos por caso.
    Ahora, al contribuyente, parece que le tocará asumir casi todo su presupuesto de los impuestos para llenar el vacio que deja el seguro ingreso del reclamo donde la publicidad ya no llegará, y donde el ingenio suple al recaudador impuesto. La batalla por la audiencia abre otra vía para la carrera del “Prime Time”, de inteligencia estudiada y financiada por el mismo televidente. A la sombra del favor de la libertad ha de llorar el termómetro que mide la velocidad con la que vivimos, donde todos quisieran ser los últimos en adaptarse a las nuevas tecnologías, que empujan y apremian con descodificadores instalados a última hora, omnipotentes como monolitos encima de algunos antiguos aparatos, de simbología para alimentar la “bestia”, que es para el fin que fue creado. Y adaptarse al televisor, donde los dos aparatos, quedarán amigos para siempre.
    ¿Echaremos de menos la publicidad como la espuma en el agua o como el humo en el fuego? Todo se verá. Porque presas somos del consumismo, del marketing agresivo y del compre hoy y pague mañana. A la muerte del reclamo y la propaganda que tantos años ha formado parte de nuestra cultura, le puede seguir la indiferencia, e incluso la melancolía, de una España pintoresca y acostumbrada a que le vendan desde una lavadora que centrifuga casi a velocidad luz, hasta un apartamento muy lejos de su hogar, convirtiéndose en habitante de fin de semana de colmenas de cemento.
    La televisión siempre ha sido una mirada en un opaco ventanal donde asomarse. Y ahora, despojado ya, del entrecortador clásico anuncio que tanto disgustaba a algunos. Aprovechemos ahora la sabia de las otras cadenas que darán rienda suelta a su gula. Porque, con esta reforma, las privadas se beneficiarán de la publicidad suprimida en TVE, quedando todavía muchos anuncios por disfrutar y deleitar. Y, al final, en un futuro no muy lejano, puede que tengamos hasta un canal temático de Tele Tienda. De pago, se entiende. Claro.
    Esperemos que los encargados de manejar los engranajes diseñados con la idea de tapar el embuste sepan lo que hacen, «Funcionará, porque el espectador quiere creer», Y que al final, todo esto no sea en vano ni maquillaje para tapar fusiones entre cadenas, y acabemos todos dependiendo de un corporativismo o institución de mando único. El futuro, siempre incierto es. “La mejor jugada del diablo fue convencer al mundo de que no existía”.
    Sergio Farras
    (escritor tremendista)

  2. Yo creo que aún hay que esperar. En Navidad todo el mundo ve La 1, así que sus grandes audiencias también tienen que ver con eso…

    Ah! lo de La 2 y Hércules es porque la nueva programación arranca el próximo día 11, así que ve despidiéndote de las Gilmore esta semana 😛

    • Ahhh, algo era ello. De todas formas no veo las Gilmore ¿eh? Sólo era un ejemplo porque un amigo mío sí que está enganchado. Pero sí que me despido de la posibilidad de que repitan alguna sitcom estadounidense de media hora de esas que siempre veía como “Elle” o “Vivir con Mr. Cooper”.

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