Cómo hemos cambiado: Formas de ver la tele en la última década

Decía una canción de Presuntos Implicados… “Ayyyy, cómo hemos cambiado, qué lejos ha quedado, aquella amistad…”. Esta canción se la podría dedicar a Telecinco, mi excadena amiga aquella que veía cinco o seis noches por semana hace años, y que desde hace un tiempo llamo Telebodrio y ni veo.

En la última década mucho ha cambiado nuestra forma de ver televisión. Empezamos el año 2001 con los dos canales de Televisión Española, Antena 3, Telecinco, Canal Plus y las autonómicas, en mi caso dos canales. También con algunas televisiones locales y las plataformas digitales Vía Digital y Canal Satélite Digital, que se fusionaron en el año 2002 creando Digital +. También hubo un precedente de televisión digital terrestre (TDT) llamado Quiero TV que sólo estuvo activo un par de años, emitiendo por primera vez en el año 2000 y acabando sus emisiones en 2002.

Así, llego la televisión por cable a la que en mi casa no dudamos en abonarnos aunque tuve que convencer a mi padre para cambiar primero de compañía de teléfono y después para coger la opción de canales de Euskaltel que incluía Teledeporte, para ver el patinaje, y VH-1, para disfrutar de buena música. Euskaltel inició sus emisiones televisivas en 2003 y ONO pasó a emitir en toda España dos años después tras comprar Auna. Así, el panorama televisivo volvió a cambiar incrementándose la oferta televisiva sobre todo con canales temáticos y especializados.

Particularmente, fui dejando de ver las cadenas analógicas para centrarme más en las digitales y es que la televisión por cable me hizo, sobre todo, descubrir nuevas series estadounidenses (y muchos videos musicales) que además empezaban y acababan a su hora y que tenían muy pocos anuncios por medio, así como películas sin cortes, todo un gusto. Así, llegó un momento en el que las series españolas que seguía me llegaron a aburrir (se salvó de la quema “7 Vidas”) y las estadounidenses que seguía (“Caso Abierto – Cold Case” y “CSI”) pasé a verlas en Fox y AXN sobre todo.

Y, después llegó la banda ancha de Internet. Algunos la tuvieron antes, otros la disfrutamos después pero, una vez más, la forma de ver televisión cambió. Ya no tenías por qué esperar a ver una serie en la televisión española sino que podías hacerlo por Internet en versión original subtitulada gracias a quienes se molestaban (y siguen haciéndolo) en colgar los episodios y en realizar los subtítulos y sincronizarlos. No es una opción que haya escogido ya que prefiero esperar a que emitan las series en el cable, que para eso se paga, pero hay casos en los que no me he podido resistir.

Internet es además una gran fuente para encontrar series emitidas años atrás tantos españolas como extranjeras o de dibujos, estén dobladas, sean subtituladas o en dual, y que ni siquiera, por problemas de derechos, están editadas en DVD.

Este año, además, se ha dado el apagón analógico por lo que sólo se puede ver la televisión digital por TDT, o el cable de la televisión por cable, valga la redundancia. Hay un montón de canales y otros amenazan con aparecer en un futuro próximo, pero aún se debe hacer mucho en esta nueva forma de televisión ya que apenas hay canales interesantes, los anuncios se insertan indiscriminadamente y hay reposiciones a punta pala.

No me olvido de que ya vamos a hacer un año desde que Televisión Española decidiera dejar de financiarse por publicidad y emitir sus contenidos sin publicidad comercial (salvo contadas expeciones), algo por lo que su audiencia se ha visto incrementada, que les ha dejado emitir tres películas en una tarde (y no haciéndoles el hara-quiri como hace Antena 3) y que les ha permitido alargar el informativo que hay días que llega a la hora de duración. Se agradece la falta de anuncios aunque los responsables de la emisión deberían insertar cortinillas o autopromociones entre estpacio y espacio que a veces parece que todo va seguido.

Por opciones, que no sea, y aprovechemos las que tenemos de momento, no vaya a ser que nos aprueben el Sindegate y no podamos descubrir nuevas y viejas series que tal vez nuna lleguen a nuestras pantallas o que si lo hacen sean maltratadas, retiradas por baja audiencia o emitidas a horas intempestivas. Porque ¿quién nos protege contra eso?

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