The Killing 2×03 – Numb: Nuevas pistas y desarrollo de personajes

Aviso de spoilers.

K.O. totalmente me dejó el tercer episodio de la segunda temporada de “The Killing” titulado “Numb” aunque no fue por las pistas sino más que nada por el comportamiento de dos de los personajes de la serie pero ya hablaré sobre ellos luego.

Richmond (Billy Campbell) sigue en el hospital sin poder moverse aunque tiene la sensación de que nota algo en sus piernas. Evidentemente, no es plato de buen gusto enterarte de que, probablemente, no podrás volver a andar en tu vida. ¿Qué quiere él? Recuperar la normalidad cuanto antes pero, no Darren, lo tuyo va para largo. Aunque, si mi sospechoso número uno, el alcalde, resulta que al final sí tiene algo que ver con el asesinato de Rosie Larsen (Katie Findlay), espero que sigas en la lucha por arrebatarle el puesto.

Porque, en “Numb” vuelven a hablar de algo que puede parecer una chorrada y que podría convertirse en un mcguffin en toda regla, lo de los terrenos del puerto. En la primera temporada el alcalde iba a edificar allí pero, oh sorpresa, aparecieron unos esqueletos y unos cráneos y se ve que era un cementerio indio pero ¿y si no lo era? La dueña del casino donde estuvo Rosie y su ano derecha me pareció que tenían mucho que ocultar. Lo mismo pasa como en la “Casino” de Scorsese y no en el desiertode Las Vegas pero sí en el puerto se han dedicado a enterrar a personas que les podrían crear problemas… Vale, esto es elucubrar mucho pero quién sabe dónde nos pueden llevar Veena Sud y los guionistas de “The Killing”.

Volviendo al tema casino, Rosie estuvo allí donde se ve que iba de acompañante por ese servicio llamado Beau Soleil donde también, si mal no recuerdo, estaba metida la tía Terry (Jamie Anne Allman), quien también parece que oculta mucho. ¿Sabe Terry quién era quien vigilaba fuera del colegio de sus sobrinos? Porque su mirada era de “eh, yo a tí te conozco, ¿qué haces aquí?”. Eso significaría que Terry sabe lo del pasado de Stan (Brent Sexton) pero estando en Beau Soleil ¿no debería saber que el padrino polaco de nombre Janek (Don Thompson) estaba detrás de Beau Soleil?

Y Janek… ordena acabar con los servidores de Beau Soleil donde según le cuenta a Stan solamente había contratadas chicas rusas (¡mentira!). Y, qué casualidad, quien le hace el trabajo sucio es el tío del tatuaje que iba con Rosie en la bici y que trabaja para el propio Stan. Un tipo no muy listo, por otra parte, porque eso de ir a quemar algo y pasar con la furgoneta de la empresa Larsen es de traca.

A Sarah Linden (Mireille Enos) le da su hijo la respuesta sobre el tatuaje que, es de un manga que el crío lee, y mientras hace algunas averiguaciones descubre que la mochila que su exteniente se llevó no era la de Rosie sino que Holder (Joel Kinaman) dio el cambiazo así que intenta localizarle sin resultado. Y aquí es cuando vienen los dos comportamientos a los que hacía mención.

El primero es el de Holder, genial Joel Kinnaman en este episodio, que sucumbe de nuevo a la droga. Va a ver a su sobrino sin estar muy bien, después a por quien en su día siguió estando en anrcóticos y que se convirtió en su camello, a quien acaba pegando, a su madre también, y robando una bolsita de droga. Y, en vez de ir a la reunión de narcóticos anónimos para hablar de sus sentimientos y todas esas cosas, va a buscar a una compañera que también pasa por un mal momento y se enrolla con ella. Al final la chica acaba llamando a Linden porque Holder se pone en medio de la carretera. Está claro que lo que le pasa a Stephen es que se hizo drogadicto estando en narcóticos y como lo que ha hecho le corroe, ha echado mano de la salida más fácil. Linden al rescate.

El segundo comportamiento es el de Mitch (Michelle Forbes). Lindeny Holder teníanque volver a hablarse pero esta mujer tiene que volver a casa con su marido y sus dos niños que la echan de menos. Al emnos Stan es comprensivo y le saca la cara ante Terry que no hace más que llamarla y llamarla. Un comportamiento lógico pero, es que la madre de Rosie está en los mundos de Mitch. Conduce sin rumbo fijo, parece, se perturba al ver a una chica con una mochila al hombro hacer autostop junto a un terreno boscoso recordándole, seguro a su propia hija, y… se enrolla con un tío en un motel!!

Vale, admito haber dicho unos “¿pero qué haces?” delante de mi pantalla de ordenador pero, en el fondo entiendo a Mitch que se ha evadido de casa, quien sabe si queriendo después volver y encontrar las cosas como las dejó antes de marcharse de fin de semana con su marido y sus niños, ese mismo fin de semana en el que, sin saberlo, perdió a su hija para siempre. A uno de la por la droga y a la otra por inventarse una identidad para evadirse del mundo, para evadirse de su dolor.

Y al final ¿qué tenemos claro? Que hay un tío con un tatuaje que trabaja para Stan y hace el trabajo sucio de Janey y que iba con Rosie en la bici pero ¿la mató él? No, seguro que no, así que, como bien le dice el gran Stan a Linden, el asesino de Rosie sigue ahí fuera.

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