Dead of Summer: Empezó bien, pero se queda en bodrio

Poster de Dead of Summer

Entre las series de estreno veraniego que me llamaron la atención cuando se empezó a hablar de ellas estaba “Dead of Summer”, show creado por Ian B. Goldberg, Adam Horowitz y Edward Kitsis con Elizabeth Mitchell al frente de un reparto copado por veinteañeros y emitido en la otrora ABC Family, ahora llamada Freeform.

La acción se desarrolla a finales de los años ochenta cuando el campamento Stillwater va a reabrir sus puertas de la mano de una antigua monitora, Deb Carpenter (Elizabeth Mitchell), que recluta a una serie de chicos y chicas que en su día fueron a ese campamento. Todos lo conocen a excepción de la novata Amy Hughes (Elizabeth Lail) que enseguida se granjea simpatías y antipatías entre sus compañeros.

Ya nada más llegar, prácticamente, al campamento, el sheriff (Charles Measure) y su ayudante Garrett Sykes (Alberto Frezza) deben ir al lugar porque cosas extrañas empiezan a suceder: un ciervo muerto y abierto en canal, el conserje muerto y su cabaña calcinada…

Y los monitores empiezan a ver cosas, sobre todo visiones de su pasado (una amiga muerta, un abuelo muerto, gente con máscaras raras), mientras los niños llegan, ellos confraternizan y su jefa parece esconder algo. El ayudante del sheriff indagará a cuenta de un diario encontrado en la cabaña del conserje y al final se habla de rituales satánicos y hasta de Dharma. El libro “Dharma Bums” en concreto, que no de la iniciativa, pero escuchar Dharma en boca de Elizabeth Mitchell automáticamente genera un recuerdo, “Lost”.

Reparto de Dead of Summer

Cuatro episodios he aguantado, ya con el tercer pocas ganas de ver más me quedaron y eso que el piloto fue bastante entretenido y el segundo episodio no estuvo mal del todo. El cuarto, a duras penas pude aguantarlo porque a los dieciséis minutos estaba aburrida como una ostra.

Al misterio de “Dead of Summer” no le he cogido el punto, y menos después de ver lo que sale del agua en en cuarto episodio, que me generó una carcajada tan grande como me hacía soltar “Under the Dome” en los últimos veranos, quién me iba a decir que iba a sentir hasta morriña de esa comedia… No hay ni sustos, ni sangre ni nada, solo fantasmas del pasado.

Si el misterio no me dice mucho, los personajes aún menos (y si me seguís ya sabéis que yo soy mucho de personajes), que no me importan lo más mínimo, vaya, y encima se empeñan en contarnos en cada episodio parte de la vida de uno de ellos.

Así que he decidido que lo mejor es dejarla que no necesito sufrir de aburrimiento en seis episodios que quedan. Para mí, un bodrio.

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