Black Mirror, una serie capaz de lo mejor y de lo peor

Allá por 2012 se emitió en España la primera temporada de la serie “Black Mirror”, que llegaba de Reino Unido avalada por bastante éxito. Al verla comenté que de esas tres entregas que formaron la temporada, me gustó la primera. Cierto es que por el tema general de la serie, la tecnología, a pesar de que los episodios sean independientes siempre se puede sacar una crítica de ellos.

Ahí quedó mi relación con la creación de Charlie Brooker, guionista también de la práctica totalidad de los episodios. Hasta finales del pasado año, cuando en pleno parón de series que veo, leí algunas cosas sobre la tercera temporada que me llevaron a ver un par de episodios de la misma, episodios que hicieron que quisiera ver más, por lo que terminé visualizando tanto la segunda como la tercera temporada.

Fotograma de White Bear, de la segunda temporada de Black Mirror

Tras ello, creo que “Black Mirror” es una serie muy crítica e interesante en sus planteamientos capaz de lo mejor y de lo peor, de ahí que me parezca que tenga muchos altibajos. Por temporadas puedo decir que la segunda fue superior a la primera con unas historias bastante interesantes, excepto por el tedioso especial navideño protagonizado por Jon Hamm que me aburrió soberanamente. Lo planteado en “Be Right Back” era curioso y lo de “The Waldo Moment” totalmente a la orden del día, pero lo que más lució de las cuatro entregas fue, sin lugar a dudas el fantástico y brutalmente duro “White Bear”, una trepidante hora de brillante televisión que te de un puñetazo en toda la cara al final.

Los episodios que vi de la tercera temporada antes de reengancharme con el resto fueron “Nosedive”, coescrito por Rashida Jones y protagonizado por Bryce Dallas Howard, una historia que llega a la exageración pero que deja visualizar muy bien cómo está la sociedad ahora mismo en las redes sociales; y “San Junipero”, nostálgico con su música ochentera que nos dejó una bonita historia de amor en un episodio diferente por carecer de ese tono crítico que se puede encontrar prácticamente en el resto.

Personajes de la tercera temporada de Black Mirror

Ambos estuvieron muy bien así como “Shut Up and Dance”, otro duro a lo “White Bear” en su final cuando se descubre el pastel (hay una tarta de por medio así que me viene muy bien el símil), y superiores al segundo episodio de la temporada que no estuvo mal tampoco pero que tenía algo menos de nivel, “Playtest”. El penúltimo me aburrió soberanamente pero el final de temporada, hora y media apasionante bajo el nombre de “Hated in the Nation” fue excepcional. La tercera temporada, por lo tanto, siendo la más extensa, resultó ser la mejor.

Así que, a pesar de sus altibajos, ciertamente “Black Mirror” es una serie para ver, para disfrutar pegado a la silla y pensar en lo que se critica. Ganas de más hay, y este año llegarán los seis nuevos episodios de la cuarta temporada gracias a que Netflix la rescató.

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