Segunda temporada de Fargo: La mafia, el carnicero, el indio, la policía y sangre, muchísima sangre

Poster de la segunda temporada de Fargo

Hace unos pocos días comenté la primera temporada de “Fargo”, la serie creada por Noah Hawley que se emite en Estados Unidos en el canal FX, que comparte título con el filme de 1994 de los hermanos Coen. La primera entrega, de hecho, tenía una estética muy similar al largometraje así como paralelismos en la historia, pero cada temporada es independiente y si me gustó la primera creo que esta me ha gustado aún más. Lo digo desde ya.

Nos quedamos en Minnesota, en un pueblito llamado Luverne donde vive Lou Solverson (Patrick Wilson) con su familia: su mujer Betsy (Cristin Milioti) y su hija Molly (Raven Stewart). Lou es un policía estatal que se verá involucrado junto a su suegro, también policía, Hank Larsson (Ted Danson) en un caso de asesinato que se complica y mucho.

Kirsten Dunst y Jesse Plemons en la segunda temporada de Fargo

Un joven, Rye Gerhardt (Kieran Culkin) entra en una cafetería y mata a varias personas, pero cuando sale del local alguien le atropella y se lo lleva. Ese alguien es la esteticista Peggy Blumquist (Kirsten Dunst), que huye del lugar con el hombre en su parabrisas. Lo lleva a su casa, grave error porque así no hace otra cosa que involucrar a su marido, el carnicero Ed (Jesse Plemons).

Claro que a Rye Gerhardt lo acaba buscando su familia, los Gerhardt una familia mafiosa de Fargo, Dakota del Norte, que acapara el crimen organizado de su estado y a la que la mafia de Kansas City hace un trato. Con Otto (Michael Hogan), el cabeza de familia, fuera de la ecuación de forma repentina, su mujer Floyd (Jean Smart) toma las riendas de la familia y se su “negocio” aunque no guste a su hijo mayor, Dodd (Jeffrey Donovan). Floyd tiene claro que no hará negocios sin encontrar a Rye, y el hombre de confianza de Dodd, el indio Hanzee (Zahn McClarnon), es quien seguirá más de cerca la pista del Gerhardt perdido.

También le buscará Mike Milligan (Bokeem Woodbine) junto a su banda, los hermanos Kitchen, para que su jefe de Kansas City logre lo que quiere. Y, por supuesto, la policía con Lou a la cabeza que no tardará en sospechar de que los Blumquist algo tienen que ver en la historia. 

Jean Smart, Angus Sampson y Zahn McClarnon en la segunda temporada de Fargo

Al final la guerra entre mafias hará que los Blumquist estén con el agua al cuello y que la policía, ante tanto baño de sangre como hay, no sepa ni qué hacer. Solo Lou y Hank, pero sobre todo el primero, parecen tener las cosas claras.

Si en la primera entrega de “Fargo” había mucha sangre, en esta segunda, que acabó la semana pasada en su país de origen, se han superado porque hay muerte episodio sí y episodio también, muertes sangrientas. Pero también se ha superado en otros aspectos, no solo en la solidez y el interés de la historia de principio a fin sino también en técnica con una fotografía fantástica, unos planos increíblemente bien pensados (los aéreos en especial son de quitarse el sobrero), una banda sonora soberbia y unas divisiones de pantalla y transiciones más que bien pensadas. Y todo eso hilando la primera temporada con la segunda, recuperando a los Solverson y contándonos lo que el viejo Lou (Keith Carradine) dejaba caer de vez en cuando sin explicar lo que pasó en dicha temporada, la matanza de Sioux Falls.

Ted Danson y Patrick Wilson en la segunda temporada de Fargo

El reparto, espectacular que no se puede decir menos. Bien Patrick Wilson interpretando al joven Lou Solverson, pero principalmente me han gustado mucho Kirsten Dunst y Jesse Plemons somo el matrimonio Blunquist, Bokeem Woodbine como Mike Mlligan matón de citas literarias, Zahn McClarnon como Hanzee, Rachel Keller como Simone la hija de Dodd, Angus Sampson como Bear Gerhardt y Nick Offerman como el abogado Karl Weathers, amigo de los Solverson. 

Muy recomendable y, para mí, la serie mejor hecha de todas las que he visto recientemente. La espera hasta 2017 para ver la tercera temporada se va a hacer larga.

Fargo: Un asesino, un escurridizo sospechoso, capas de nieve y sangre, mucha sangre

Poster de la primera temporada de Fargo

Bemidji es un pueblo tranquilo de Minnesota en el que nunca pasa nada. El invierno azota con frío y capas de nieve en calles y carretera. Un ciudadano del lugar, Lester Nygaard (Martin Freeman), es sacado de quicio por su mujer, lo que parece algo habitual. Un coche se estampa a las afueras de la ciudad y la policía encuentra el cadáver congelado de un hombre en ropa interior.

Ese mismo día la tranquilidad acaba en Bemidji porque hay tres víctimas más, todas relacionadas con Lester: su mujer, un excompañero de clase que le hacía bullying y el jefe de policía, Vern (Shawn Doyle). Claro que sabemos quién es el culpable, el propio Lester que aunque no se manche las manos de sangre, literalmente, más que con su mujer, el responsable del cadáver congelado, un asesino profesional llamado Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) es quien acaba con los otros dos.

Martin Freeman y Billy Bob Thornton en la primera temporada de Fargo

Aunque Bill Oswalt (Bob Odenkirk), el nuevo jefe de policía, no le deje investigar el caso Nygaard, la agente Molly Solverson (Allison Tolman) está convencida de que Lester no es una víctima, tanto por las afirmaciones de un testigo como por las pruebas que va recogiendo, sobre todo cuando acaba uniendo el caso del cadáver congelado con el de Lester. Quien creerá en sus instintos será otro policía, Gus Grimly (Colin Hanks), que se cruza con Malvo en Duluth, ciudad del mismo estado, y su padre  Lou (Keith Carradine), expolicía que regenta una cafetería.

Mientras Molly busca pruebas para demostrar que está en lo cierto, vemos la transformación de Lester y cómo se las gasta Lorne Malvo no solo matando, sino asustando a quienes le pagan por llegar al fondo de algún asunto o engañándoles con una astucia increíble. A Malvo le acaba buscando no solo Molly, sino también otros matones por la muerte del excompañero de clase de Lester, y hasta los federales.

Colin Hanks y Allison Tolman en la primera temporada de Fargo

“Fargo” toma del filme de  1994 de Joel y Ethan Coen muchos elementos, no solo el título sino los paisajes nevados que hacen que la fotografía de la serie sea fantástica, pero también la personalidad de varios personajes, aquí mucho más desarrollada por las casi diez horas de duración de la serie. También toma prestada, por así decirlo, la inclusión de la sangre porque esta “Fargo” es muy sangrienta, pero es que mucha gente acaba mal en ella.

Geniales los guiones aunque a veces tienen más palabrería de la necesaria, sobre todo en la trama de uno de los clientes de Malvo, Stavros Milos (Oliver Platt), trepidante la música aunque extraña para este tipo de serie y brillante el reparto, en especial Billy Bob Thornton con un personaje que deja huella, Martin Freeman mostrando a la perfección el cambio radical de Lester y Allison Tolman como la agente de policía con más luces de todos los que salen, porque se supone que esto fue un hecho real pero las fuerzas del orden quedan como unas ineptas por lo que no hacen.

Interesante y bien hecha. Voy por la segunda temporada, que acabó el pasado lunes mismo en la FX estadounidense, así que en breve la comentaré.

Me Llamo Earl, una divertida comedia sobre hacer el bien

Promo de Me Llamo Earl

Hace unos ocho veranos descubrí “Me Llamo Earl” (My Name is Earl) en la noche de La Sexta. Hasta cinco, o tal vez seis, episodios seguidos emitían y me enganché. Después desapareció de la parrilla, o la cambiaron de hora, y decidí que algún día debería verla del tirón, que es como mejor se acaban consumiendo las series, especialmente una vez acabadas, y ya puedo ponerla en la lista de series terminadas.

Creada por Greg Garcia, “Me Llamo Earl” vio la luz por primera vez en la NBC estadounidense en septiembre de 2005. Su premisa era sencilla: a un ladronzuelo de poca monta llamado Earl Hickey (Jason Lee), que siempre va con sus camisas de cuadros y bigote y que sale con los ojos cerrados en las fotos, le tocan un montón de dólares en un rasca y gana de lotería. Su alegría le acaba llevando al hospital ya que no ve que un coche va directo hacia él. Tras escuchar hablar del karma en un programa de televisión, piensa que su atropello ha sido por eso y que el karma le castiga por todas las cosas malas que ha hecho en la vida. Earl decide hacer una lista, doscientas y pico cosas apunta, y compensar cada una yendo donde las personas a las que algo malo hizo.

Lista de Me Llamo Earl

Earl no estará solo, le ayudará su hermano Randy (Ethan Suplee), un chico de pocas luces con el que comparte cama y habitación en el motel de su Camden natal, en el que limpia su amiga Catalina (Nadine Velazquez), una inmigrante ilegal que también les ayuda de vez en cuando y de la que Randy está enamorado.

Los tres pasan tiempo en la Taberna del Cangrejo donde Earl siempre saluda al camarero Darnell Turner (Eddie Steeples) con un “¿qué pasa Hombre Cangrejo?”. Resulta que Darnell es el marido de Joy (Jaime Pressly), la exmujer de Earl, que siempre anda por ahí también, si no está en el parque de caravanas donde vive con su marido y sus dos hijos de padres diferentes, Dodge (Louis T. Moyle) y Earl Junior (Trey Carlisle).

Fotograma de Me Llamo Earl

A pesar de que Earl sea el personaje principal, “Me Llamo Earl” es una serie muy coral, tanto que se hace raro si Darnell y Joy apenas salen. Catalina es un personaje más secundario, dentro del plantel principal, sobre todo en las temporadas tercera y cuarta. Esto me lleva a mencionar, también, al amplio espectro de personajes recurrentes que pueblan el lugar, desde los padres de Earl y Randy, Carl (Beau Bridges) y Kay (Nancy Lenehan) hasta la prostituta de día Patty (Dale Dickey), pasando por el cartero del ojo de cristal Willie (Bill Suplee, el padre de Ethan), el actor alcoholizado que parece una parodia de David Hasselhoff Tim Stack (Timothy Stack) y que de hecho lo es, el gay Kenny (Gregg Binkley) enamorado del agente de policía Stuart (Mike O’Malley), Didi (Tracy Ashton) la chica de una sola pierna que quiere acabar con la existencia del protagonista por abandonarla, o excompañeros de fatigas de Earl y Randy como Ralph (Giovanni Ribisi) o Frank (Michael Rapaport).

En cada episodio, básicamente, Earl trata de arreglar alguna maldad que hizo en el pasado ya fuera un robo, insultos, haberse reído de alguien, haber estropeado alguna celebración, etcétera. Randy, su fiel aliado siempre, le ayuda con la lista como he dicho antes y así vemos también cómo viven ambos. Pero también Joy y Darnell tienen sus historias, que a veces están relacionadas con las de Earl y otras son independientes, o Catalina las suyas en las que normalmente deben ayudarla sus amigos.

Reparto de Me Llamo Earl

Las dos primeras temporadas de “Me Llamo Earl” son casi idénticas en estructura. Earl recuerda algo que hizo tiempo atrás y se dispone a arreglarlo para tachar a esa persona en concreto de su lista; pero a partir de la tercera entrega por seguir queriendo hacer el bien, acaba en un escenario diferente donde ya no tiene lista pero sí quiere que el karma no le ataque de nuevo.

A pesar de las cosas malas que tanto unos como otros hacen, para mí la serie es una divertida comedia que trata, fundamentalmente, de hacer el bien. Bien le hace al espectador que se enganche a ella, también, puesto que “Me Llamo Earl” provoca sonrisas, risas y carcajadas en casi todos sus episodios. Hay algunos que son más flojos que otros, pero se le puede permitir porque en su conjunto es una buena comedia que resulta de lo más entretenida.

NBC decidió cancelarla tras su cuarta temporada dejándonos con, tal vez, el peor episodio de la serie y un cliffhanger. Una pena porque hubiese sido genial que Earl terminara su lista en el fin de la serie pero, aunque hubo negociaciones para que otra cadena le diera un cierre, no prosperaron y así, como se ve en el episodio número 27 de la cuarta temporada, acabó “Me Llamo Earl”. Recomendable.

La tercera temporada de Crossing Lines deja con ganas de más

Reparto de la tercera temporada de Crossing Lines

No pintaba mal “Crossing Lines” pero no me había animado a ver ninguna de sus dos primeras temporadas. Claro que siendo policíaca, estando creada por Edward Allen Bernero y habiendo fichado a Elizabeth Mitchell, me decidí a ver la tercera temporada y, me han sabido a poco sus doce episodios.

“Crossing Lines”, ya dije al hablar brevemente de ella hace unas semanas, es una serie muy europea, claro que los protagonistas son el grupo de investigación del Tribunal Internacional de la Haya. Allí está la sede, pero episodio tras episodio deben viajar por otros países de Europa ya sea para perseguir a los malos de turno o para interrogar a alguien.

Han habido secuestros, virus peligrosos, asesinos a sueldo, bombas y hasta una muy crítica trama relacionada con el fútbol y quienes se lucran sin escrúpulo alguno con él. El grupo empieza descompuesto, por algo ocurrido en la segunda temporada, y siendo unido de nuevo por Michel Dorn (Donald Sutherland) quien nombra a Carine Strand (Elizabeth Mitchell) jefa de un grupo formado por un par de antiguos miembros, como Sebastian Berger (Tom Wlaschiha) y Arabella Seeger (Lara Rossi), y nuevas incorporaciones como son las de Marco Constante (Goran Visnjic), Luke Wilkinson (Stuart Martin) y Ellie Delfont-Bogard (Naomi Battrick).

Que sea muy europea no es solo por las localizaciones, que para algo está rodada en el Viejo Continente, sino por cómo está hecha en materia de escenas de acción y hasta por la interacción de los personajes, al menos así me lo parece a mí, y es que mientras que en las series estadounidenses los apellidos se usan más que los nombres cuando de agentes de la ley se refiere, salvo alguna excepción, en “Crossing Lines” se usan más los nombres propios, lo que genera cercanía entre los personajes ya de entrada.

Elizabeth Mitchell y Goran Visnjic en la tercera temporada de Crossing Lines

Historias personales pocas hay, aunque por todas las pinceladas que se dan o por conversaciones entre personajes, nos podemos hacer una idea bastante buena de cómo son los protagonistas. Sí que hay una trama personal recurrente, la de Constante buscando a su hermana secuestrada años atrás, que prácticamente está presente en todos los episodios, aunque sea brevemente.

Los casos resultan interesantes, los guiones están bastante bien y el reparto cumple en sus respectivos papeles. Hay intriga en ocasiones, humor irónico en otras, drama y acción, mezcla que hacen que, al menos esta temporada que he visto, “Crossing Lines” sea una serie muy entretenida. El colegueo entre personajes es muy chulo, y se agradece siempre en este tipo de series que la interacción no sea solamente en lo que al ámbito laboral se refiere.

Me ha gustado y me han sabido a poco los doce episodios. En España la ha emitido AXN, ya que la serie es una coproducción para los canales del grupo.  Ojalá haya más que me apunto sin dudarlo.

El debate político a cuatro bandas, un fiasco tedioso

Debatientes del debate a 4 del 7 de diciembre de 2015

Habrá sido muy visto, seguramente. Comentado sí que fue antes y durante su emisión, y después también lo está siendo. Consiguió, además, el “honor” de ser trending topic en Twitter, cómo no. Pero, en líneas generales, el debate a cuatro bandas previo a las elecciones españolas del 20 de diciembre, emitido anoche por La Sexta y Antena 3, me pareció un fiasco tedioso.

Este no es un blog político, así que no voy a entrar a valorar ninguna de las afirmaciones, quejas o valoraciones realizadas por los participantes, sino lo meramente televisivo. El debate nos lo han vendido como histórico porque por primera vez en la historia de la democracia española hay cuatro partidos que, según las encuestas, pueden rascar muchos votos poniendo fin al bipartidismo imperante. Claro que, no estaban todos los candidatos a la presidencia porque uno envió a su mano derecha. Hubiese sido raro que el partido en el gobierno no tuviera representación, por una parte, pero por otra ¿por qué dar la cara en propaganda política (cartas, carteles) pero no en un debate con otros candidatos? Ahí pierde parte de su razón denominar a este espectáculo televisivo de histórico.

Extraño fue verles de pié durante la duración del debate. Más de dos horas estuvieron Soraya Sáenz de Santamaría, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pedro Sánchez en el plató en posición vertical frente a una silla que nadie usó en directo, y que parecía de lo más incómoda hasta para subirse a ella, y a un atril cutre que parecía de cartón y que a algunos les sirvió para dejar sus folios con información. “¿Quién se va a sentar primero?”, pensé. Nadie, en directo al menos como digo, lo hizo, provocando balanceos o agarrotamiento, que alguno tuvo que acabar así fijo.

El plató a mí no me acabó de convencer, tan luminoso, tan frío. Había trescientas personas entre el público, además, a las que apenas enfocaron, obviamente porque ellos no eran los protagonistas y porque no podían demostrar ni frío ni calor por lo que los participantes decían. Para eso ¿para qué llenar un plató con gente?

Promo debate a 4

A los presentadores sí les enfocaron, en especial a Ana Pastor, cuando reaccionaba con miradas o interrumpía, algo que hizo en varias ocasiones por lo que era difícil enterarse  bien de qué es lo que estaba diciendo uno de los debatientes en ese momento. Se debe interrumpir cuando el que habla degenera o se va por los cerros de Úbeda, que en este caso fue así en algún momento, no cuando se está acabando de exponer dentro de un tiempo normal y lógico para responder. En ese sentido, me gustó más Vicente Vallés, quien en ningún momento abrió la boca cuando no debía, aunque se puede pensar que tanto él como ella tenían su función más que delimitada.

Lo peor de todo fue la rapidez con la que pasaron de un tema a otro, lo mismo hablaban de educación que después pasaban a las pensiones o a la lucha contra la violencia de género. Unas cortinillas les habrían venido muy bien en estos casos, a ellos y a los espectadores.

Lo de contar los minutos que cada participante hablaba en la denominada sala de tiempo me pareció una absoluta estupidez, podrían haberlo hecho poniendo unos contadores debajo del debatiente de vez en cuando a modo de curiosidad. Así, lo más vistoso acabó siendo el más que preparado minuto de cierre que tuvieron cada uno al finalizar.

Lo dicho, a mí me pareció aburrido y un espectáculo televisivo muy flojo. Fiasco.

Sexta temporada de Downton Abbey: Las últimas ocho tazas de té

Promo de la sexta temporada de Downton Abbey

Esta es una entrada prácticamente sin spoilers, las cosas que comento son por encima, no spoilean nada en concreto pero si no quieres saber nada de nada, lee bajo tu responsabilidad. Eso sí, si no has visto las cinco anteriores temporadas de la serie completas, no leas el post.

Se acabó lo que se daba. La sexta temporada de “Dowton Abbey” llegó a su fin el pasado domingo en el Reino Unido con la emisión del octavo episodio de la sexta y última temporada de la serie creada y escrita por Julian Fellowes. Tan solo queda el especial navideño para que “Downton Abbey” acabe para siempre.

Las últimas ocho tazas de té han sabido a despedida, principalmente porque los ocho episodios han servido para cerrar tramas. Si el año pasado el señor Carson (Jim Carter) y la señora Hughes (Phyllis Logan) se prometieron, este han jurado sus votos matrimoniales frente a amigos, sirvientes y miembros de la familia Crawley.

Phyllis Logan y Jim Carter en la sexta temporada de Downton Abbey

Lejos del drama de otras temporadas, la vida de Anna (Joanne Froggatt) y John Bates (Brendan Coyle) ha sido más tranquila a pesar de los infructuosos intentos de ser padres. Quien más ha sufrido entrecla servidumbre de Downton ha sido el pobre Thomas (Rob James-Collier) quien sobra en la finca porque Robert (Hugh Bonneville) está dispuesto a ahorrar gastos ya que los tiempos han cambiado y ya no se necesitan tantos empleados. Thomas no reconoce hasta el final el por qué de su apatía pero, por suerte, siempre ha tenido en Baxter (Raquel Cassidy) a su aliada.

Mientras, Daisy (Sophie McShera) es animada por todos para que haga varios exámenes y así sacarse un título, y Molesley (Kevin Doyle) tendrá mucho que ver en ello. Por su parte, los Crawley tienen alguna lucha familiar. La primera entre Isobel (Penelope Wilton) y Violet (Maggie Smith) en la que acaban involucrando a Cora (Elizabeth McGovern) a cuenta del hospital del pueblo.

Matthew Goode, Michelle Dockery y Allen Leech en la sexta temporada de Downton Abbey

Tom (Allen Leech) regresa casa para seguir siendo el confidente familiar de Mary (Michelle Dockery), cada vez más cómoda llevando las riendas de Downton y a la que le sale un pretendiente, el piloto Henry Talbot (Matthew Goode) a quien ella preferiría no amar. De pretendientes va la cosa, porque a Edith (Laura Carmichael) le sale otro Bertie Pelham (Harry Hadden-Paton) porque Edith se merece ser feliz ya que lo suyo nunca ha sido un camino de rosas. Al enemigo, enemiga en este caso, lo tiene en casa. Esa es Mary a quien, por fin, Edith hará frente, algo que debió hacer mucho tiempo atrás.

Me ha gustado la sexta temporada de la serie aunque le tengo que poner algunos peros. El primero de ellos es la rapidez con la que se lleva la relación de Mary y Henry Talbot, recordando cómo fue todo con Matthew (Dan Stevens), el romanticismo ha brillado por su ausencia y se ha notado mucho que había prisa por contar esta parte de la historia. Lo segundo, que no haya habido tantas escenas entre Isobel y Violet, teniendo poco protagonismo la primera, y tampoco demasiado la segunda. Por último, que la redención de Thomas haya sido tan dolorosa, siempre ha ido de malote, pero de malote con corazón en el fondo, y ha sufrido mucho.

Rob James-Collier y Raquel Cassidy en la sexta temporada de Downton Abbey

Cosas muy buenas han sido los problemas de recién casados de Elsie Hughes y Charles Carson, han dejado momentos cómicos y tiernos; también el nuevo papel de Edith como editora lo de la revista de su fallecido marido Michael Gregson (Charles Edwards), algo que daría pie a un interesante, seguro, spin off.  También ha habido un momento digno de película gore y se ha mostrado de diferentes formas el cambio de tiempo, y es que “Downton Abbey” empezó en 1912 y nos deja casi década y media después. Y hay una visita inesperada, la de una antigua empleada de Downton, Gwen (Rose Leslie), que vuelve a reencontrarse con algunas de las personas con las que se llevaba bien.

La mejor de las ocho tazas de té ha sido la última, de hecho si no hubiera otro episodio más, sería un final bastante satisfactorio. El episodio cerró algunas cosas pero también sirvió para ver las dos caras de Mary y la última parte de la evolución de Edith. A Mary le cantan las cuarenta y la única que lo hace amablemente es su madre. Pero si algo nos ha enseñado Mary en seis temporadas es que su apariencia de chica dura, o abusona como la llaman, no es más que su escudo protector y que lo usa aunque no deba y con quien no debe, muchas veces.

Laura Carmichael en la sexta temporada de Downton Abbey

Y si alguien ha evolucionado en seis temporadas, esa ha sido Edith a la que nunca se la ha tomado muy en serio entre los Crawley y la que más sorpresas ha acabado dando. Insisto, el spin off de su vida como editora sería algo muy interesante ahora que, seguro, ha ganado muchas más simpatías de las que tenía antes de la última temporada.

El especial de Navidad pondrá punto y final a la andadura de “Downton Abbey” y tengo un par de deseos. Uno es que a Edith le sonrían las cosas, otro es que Baxter y Molesley acaben siendo más que amigos porque lo suyo es la tensión sexual no resuelta más elegante que he visto. En poco más de un mes, el final.

Digna segunda entrega de Doll & Em, aunque no tan buena como la primera

Careta de la segunda temporada de Doll & Em

A finales del año pasado descubrí “Doll & Em” una dramedia británica protagonizada por Emily Mortimer y su gran amiga Dolly Wells y me enganchó, mucho. Hablé bien de ella tras visionar su primera entrega y voy a hablar bien también de la segunda temporada que me ha parecido digna pero no tan buena como su predecesora.

Tras terminar la película que rodaba en Hollywood, Emily (Emily Mortimer) y Dolly (Dolly Wells) deciden hacer de su proyecto una realidad y se van a un faro a escribir una obra de teatro. Tras regresar a casa de la primera, Nueva York, Doll se muda con Em, su marido Noah (Mischa Richter) y sus hijos April (Elsie Richter) y Eddie (Ezra Richter).

Logran un teatro en Broadway donde representar su historia y a las actrices Olivia Wilde y Evan Rachel Wood para que protagonicen la obra, un trabajo que trata sobre ellas o no, porque no lo tienen demasiado claro, lo que hace que Olivia y Evan tengan dudas desde el primer día.

Dolly Wells y Emily Mortimer en la segunda temporada de Doll & Em

Pero Em tiene que seguir haciendo frente a sus inseguridades y la vida en casa no le resulta fácil. No le gusta la barba de su marido y no tienen conversaciones muy fluidas, mientras que sus hijos a veces parecen más maduros que ella misma. Dolly, por su parte, sigue sin encontrar su propio lugar en el mundo, y pone de su parte lo necesario para que la obra salga adelante, aunque cuando a Emily le surge la opción de hacer una película, Doll siente que su amiga pasa de su proyecto.

Entre ellas surgen las rencillas una vez más, pero se quieren demasiado como para echar por la borda su amistad. En realidad, Em de quien más se separa es de su marido porque no sabe cómo lidiar con la situación, y Doll acaba a lo loco con Ewan McGregor, mientras busca consejo bien su mejor amiga, su madre vía Skype, o el bueno de Buddy (Jonathan Cake).

¿Pero dónde va la obra a parar? No lo saben ni ellas, por eso los ensayos son matadores y no les gusta ni que Olivia se acerque a su familia, en el caso de Em, ni que Evan piense que es una aburrida, en el caso de Doll.

Olivia Wilde, Evan Rachel Wood, Emily Mortmer y Dolly Wells en la segunda temporada de Doll & Em

La segunda temporada de “Doll & Em” rompe completamente con la primera llevándonos a otra ciudad y otra trama principal, pero mantiene esa fuerte amistad de las protagonistas, con sus vaivenes, claro, así como aspectos que mostraron en la primera entrega, como la gran inseguridad de Emily, que no es ni medio normal en ocasiones, y esa falta de un lugar propio que ronda a Dolly siempre.

Además de las citadas Olivia Wilde, Evan Rachel Wood o Ewan McGregor, también aparecen como invitados el bailarín Mikhail Baryshnikov o Alessandro Nivola, el marido en la vida real de Emily Mortimer, ya que su marido e hijos ficticios, son casualmente, la familia de Dolly Wells en la vida real.

No ha estado mal, no es tan buena como la primera ya digo, pero quiero más y aún no hay noticias al respecto.