La misma calidad de siempre en la sexta temporada de Llama a la Comadrona

Especial Navideño de la sexta temporada de Llama a la ComadronaHace una semana finalizó su emisión en el Reino Unido la sexta temporada de la fantástica  “Llama a la Comadrona” (Call the Midwife), serie cuya entrega arrancó con el ya típico especial navideño que llevó a buena parte del reparto a Sudáfrica para grabar el que ha sido uno de los mejores episodios de toda la serie.

Fue un pistoletazo de salida por todo lo alto que nos sacó de la londinense zona de Poplar, donde se sitúa la acción siempre, para mostrarnos la realidad de otras embarazadas y la importante tarea de quienes las ayudaban, así como sus costumbres y los problemas acarreados tanto por ellas como por otros factores. El episodio también sirvió para que conociéramos a alguien a quien ojalá podamos ver alguna vez más, la doctora Myra Fitzsimmonds, a quien interpretó de manera sobresaliente la actriz irlandesa Sinéad Cusack.

Charlotte Ritchie y Jack Ashton en la sexta temporada de Llama a la Comadrona

Durante la temporada regular, especial navideño aparte, la Nonnatus ha tenido mucho movimiento, ya que alguna cara nueva ha pasado por allí, y otras han estado desaparecidas buena parte de la entrega, algo que ha sido para bien, la verdad, ya que hay historias que se desgastan antes que otras y la ausencia de determinados personajes hace un gran favor a otros.

Así, se ha vuelto a incidir en el trauma de la hermana Mary Cynthia (Bryony Hannah) con lo que ello ha conllevado, ver los terribles tratamientos que tan a la ligera se utilizaban en psiquiátricos que parecían auténticas cárceles; también se ha retomado la historia de la talidomida, problema que nunca debe olvidarse por los efectos que tuvo; y también se han mostrado los métodos anticonceptivos y los malos tratos.

Linda Bassett y Victoria Yeates en la sexta temporada de Llama a la Comadrona

Los años sesenta están instalados en la serie y con ellos se han visto mejoras en el trabajo de las comadronas así como en la vida de los habitantes de Poplar. Los sigue habiendo pobres, sí, pero sus condiciones son algo mejores de lo que se mostraba al empezar la serie. Los casos clínicos de la semana han sido bastante emotivos, como de costumbre.

La vida personal de las protagonistas también ha tenido cabida, como siempre, y si esta temporada ha demostrado algo eso ha sido que Trixie (Helen George), quién me lo iba a decir al principio, se ha acabado convirtiendo en el mejor de todos los personajes con permiso de uno de los grandes fichajes de la serie que llegó en la cuarta entrega, la enfermera Phyllis Crane, un gran personaje gracias a cómo está escrito y a la maravillosa labor de quien le da vida, Linda Bassett. Pero también, que esta serie tiene a una de las grandes parejas de la pequeña pantalla, a quienes nadie, absolutamente nadie, gana en lo que a ser adorables se refiere: el doctor Patrick Turner (Stephen McGann)y Shelagh (Laura Main). Ellos han protagonizado gran parte de la temporada con su historia matrimonial.

Stephen McGann y Laura Main en la sexta temporada de Llama a la Comadrona

Calidad siempre y emotividad también en “Llama a la Comadrona” que volverá en Navidad con otro especial y en enero de 2018 con otra temporada aunque, ni corta ni perezosa, BBC la renovó el pasado mes para tres años más, por lo que, afortunadamente, la serie de Heidi Thomas la tendremos para rato.

Santa Clarita Diet pintaba mejor de lo que ha acabado siendo

Careta de Santa Clarita Diet

A mí el tema zombi no es que me llame mucho la atención pero leí sobre el estreno de “Santa Clarita Diet” a pocos días de que Netflix la lanzara y decidí darle una oportunidad. La sinopsis nos lleva a un barrio de Santa Clarita, California, donde vive el matrimonio formado por Sheila (Drew Barrymore) y Joel (Timothy Olyphant) Hammond junto a su hija adolescente Abby (Liv Hewson). Ambos son agentes inmobiliarios y llevan una vida tranquila Todo cambia cuando Sheila muere de repente y se despierta de la nada con un hambre voraz de carne fresca y la libido por las nubes.

Sheila se convierte en una “muerta no muerta”, como explica Eric (Skyler Gisondo) el hijo friki de sus vecinos cuando van a pedirle su opinión. Pero el problema aún se agrava más cuando la carne fresca que empieza a demandar Sheila es la humana. Los cuatro empezarán a vivir con ese secreto y, en el caso de los Hammond a ajustar su nueva vida a la conversión de Sheila.

“Santa Clarita Diet” es una comedia, con ese argumento en realidad no podría ser otra cosa y menos teniendo en cuenta que a partir del tercer episodio las situaciones se vuelven más estúpidas por momentos. Su principal atractivo es su pareja protagonista que no tienen unos buenos personajes pero que los salvan gracias a que Barrymore y Olyphant se complementan a las mil maravillas. Hewson y Gisondo están bien también en sus papeles pero el resto de personajes solo aportan como posibles víctimas o para tratar de crear algo de intriga. De eso último hay pero no es que funcione demasiado bien para mi gusto.

Drew Barrymore y Timothy Olyphant en Santa Clarita Diet

Creada por Victor Fresco, la primera temporada son diez episodios y la verdad es que esta “Santa Clarita Diet” es prescindible totalmente ya que aunque en su mayoría no aburra, no aporta nada de nada, no tiene nada reseñable pero sí muchas cosas criticables.

Particularmente, no entiendo por qué hay esos elementos tan gores y asquerosos en determinados momentos ya que son totalmente gratuitos, y tampoco las tonterías que salen de boca de la mayoría de personajes o algunas de sus acciones sin sentido.

Es mala, son diez episodios y por eso la terminé. No creo ni que la renueven, pero en caso de equivocarme lo que tengo claro es que no la seguiré. Pintaba mejor sobre el papel, sí.

Code Black se marca una gran segunda temporada

Y pensar que estuve a punto de dejarla porque a la adorable parejita de la primera entrega se la quitaron de encima sin más explicación una vez anunciada la renovación… Porque, sus personajes eran de mis favoritos y eso siempre molesta, sobre todo cuando hay otros que te disgustan y no aportan ni la mitad.

Pero disfruté tanto con los primeros dieciocho episodios de “Code Black” (Canal+ Series la emite en España bajo el nombre de “Código Negro”) que decidí que debía seguirla y que si no me gustaba lo que veía la dejaría. Madre mía, otra de esas cosas seriéfilas de las que arrepentirse, en este caso del pensamiento que tuve porque la serie de Michael Seitzman es realmente buena.

Fotograma de la segunda temporada de Code Black

Rob Lowe se incorporó al reparto, hicieron fija a la sosainas de Jillian Murphy y también a ese actor que nunca me convenció, Boris Kodjoe, que guapo siempre me ha parecido pero tal vez la culpa la tenían más los personajes que él… Aunque, he tenido que cambiar algo de parecer, la verdad, porque en los últimos episodios su personaje ha dado un giro a mejor.

Y entraron residentes nuevos y el hospital se enfrentó a nuevos problemas, así cómo sus médicos. No he visto serie, “Lost” aparte, en la que les haya temblado menos el pulso a la hora de acabar de cuajo con personajes porque el año pasado hubo sangre y lágrimas en “Code Black” pero en la segunda temporada no las ha habido menos. en el momento menos pensado, zasca, personaje fuera. Pero claro, así hasta dos muy seguidos, ya sea por muerte u otra razón.

Poco creo que se habla de esta serie fantásticamente hecha que tiene unos casos médicos realmente interesantes e historias que te tocan la fibra. El factor humano es muy importante en “Code Black” y a eso ayudan actores que se lucen como una grande, Marcia Gay Harden, que la veas donde la veas siempre cumple con creces; un secundario de lujo como Luis Guzmán o quien provoca una tranquilidad extrema en todas sus apariciones y cuyo personaje dio uno de los mejores episodios de la serie, William Allen Young, y de la temporada sin duda alguna, el número trece “Unfinished Business”.

Benjamin Hollingsworth y Emily Tyra en la segunda temporada de Code Black

Hay que mencionar el peso muy bien llevado por Benjamin Hollingsworth que ha acabado dando más de sí que Harry Ford o de las nuevas incorporaciones Emily Tyra y Noah Gray-Cabey. Rob Lowe ha vuelto a demostrar, además, que tanto en drama como en comedia es un tipo que siempre puede hacerlo muy bien.

Muy buena temporada, de verdad, con un doble episodio final con sabor a finale donde un virus amenazó el Angels Memorial y a sus trabajadores y pacientes y que a mí me dejó pegada al asiento y con tensión. Sí, supo a finale más incluso que el final de la primera entrega, así que mi deseo es que CBS, quien la emite en Estados Unidos, vea que “Code Black” es una de esas series tan buenas que merecen tener una vida más larga.

Dedos cruzados para su renovación.

Black Mirror, una serie capaz de lo mejor y de lo peor

Allá por 2012 se emitió en España la primera temporada de la serie “Black Mirror”, que llegaba de Reino Unido avalada por bastante éxito. Al verla comenté que de esas tres entregas que formaron la temporada, me gustó la primera. Cierto es que por el tema general de la serie, la tecnología, a pesar de que los episodios sean independientes siempre se puede sacar una crítica de ellos.

Ahí quedó mi relación con la creación de Charlie Brooker, guionista también de la práctica totalidad de los episodios. Hasta finales del pasado año, cuando en pleno parón de series que veo, leí algunas cosas sobre la tercera temporada que me llevaron a ver un par de episodios de la misma, episodios que hicieron que quisiera ver más, por lo que terminé visualizando tanto la segunda como la tercera temporada.

Fotograma de White Bear, de la segunda temporada de Black Mirror

Tras ello, creo que “Black Mirror” es una serie muy crítica e interesante en sus planteamientos capaz de lo mejor y de lo peor, de ahí que me parezca que tenga muchos altibajos. Por temporadas puedo decir que la segunda fue superior a la primera con unas historias bastante interesantes, excepto por el tedioso especial navideño protagonizado por Jon Hamm que me aburrió soberanamente. Lo planteado en “Be Right Back” era curioso y lo de “The Waldo Moment” totalmente a la orden del día, pero lo que más lució de las cuatro entregas fue, sin lugar a dudas el fantástico y brutalmente duro “White Bear”, una trepidante hora de brillante televisión que te de un puñetazo en toda la cara al final.

Los episodios que vi de la tercera temporada antes de reengancharme con el resto fueron “Nosedive”, coescrito por Rashida Jones y protagonizado por Bryce Dallas Howard, una historia que llega a la exageración pero que deja visualizar muy bien cómo está la sociedad ahora mismo en las redes sociales; y “San Junipero”, nostálgico con su música ochentera que nos dejó una bonita historia de amor en un episodio diferente por carecer de ese tono crítico que se puede encontrar prácticamente en el resto.

Personajes de la tercera temporada de Black Mirror

Ambos estuvieron muy bien así como “Shut Up and Dance”, otro duro a lo “White Bear” en su final cuando se descubre el pastel (hay una tarta de por medio así que me viene muy bien el símil), y superiores al segundo episodio de la temporada que no estuvo mal tampoco pero que tenía algo menos de nivel, “Playtest”. El penúltimo me aburrió soberanamente pero el final de temporada, hora y media apasionante bajo el nombre de “Hated in the Nation” fue excepcional. La tercera temporada, por lo tanto, siendo la más extensa, resultó ser la mejor.

Así que, a pesar de sus altibajos, ciertamente “Black Mirror” es una serie para ver, para disfrutar pegado a la silla y pensar en lo que se critica. Ganas de más hay, y este año llegarán los seis nuevos episodios de la cuarta temporada gracias a que Netflix la rescató.

Adiós a Mary Tyler Moore

Mary Tyler Moore

El pasado miércoles nos dejaba una de las grandes de la pequeña pantalla, Mary Tyler Moore, quien aunque se dio a conocer por “The Dick Van Dyke Show”, donde interpretaba a la mujer del célebre actor que daba nombre a la sitcom, se hizo aún más conocida una década después, en los setenta, cuando se convirtió en “La Chica de la Tele”, que es como se tradujo en castellano el título de su propia comedia, producida por su propia compañía MTM, “The Mary Tyler Moore Show”.

Allí, dio vida a uno de los personajes femeninos más importantes no solo de la década sino de la historia de la televisión porque, entre 1970 y 1977 su Mary Richards fue una treintañera soltera y trabajadora que valoraba su independencia como mujer, y no era el retrato que se solía hacer en las series de la época, al menos en las sitcoms. De esta serie ya hablaré en el futuro porque la estoy viendo poco a poco.

Después, Mary Tyler Moore no tuvo mucho éxito con otros proyectos en los que fue protagonista o coprotagonista, aunque no se deberían olvidar sus apariciones como invitada en “Ellen” en los años noventa (en el hilarante episodio de la langosta) o más recientemente en “Póker decReinas” (Hot in Cleveland) donde apareció en un par de ocasiones, una con el reparto femenino completo de “The Mary Tyler Moore Show”.

Eso sí, algunos títulos reconocidos  aparecen en su filmografía cinematográfica, aunque el más importante de ellos fue el que le otorgó una nominación al Oscar a la Mejor Actriz, el filme “Gente Corriente” (Ordinary People). También hizo teatro, fue activista política y filántropa, además de publicar dos autobiografías.

Estatua de Mary Tyler Moore en Minnesota

Pero, volviendo a las series, Mary Tyler Moore a través de su productora produjo muchos éxitos en la pequeña pantalla, empezando por su propio show y siguiendo con los tres que salieron del mismo (“Rhoda”, “Phyllis” y “Lou Grant”), sin olvidar grandes series de los ochenta como “Remington Steele”, “Canción Triste de Hill Street” (Hill Street Blues), “St. Elsewhere” o “Newhart”, además de distribuir otras series y programas como “La Doctora Quinn” (Doctor Quinn Medicine Woman), “Xuxa”, “America’s Funniest Home Videos” o”The Steve Allen Show”.

Mary Tyler Moore sufría varios problemas de salud, pero complicaciones fertivadas de una neumonía apagó su famosa sonrisa (la canción de su show hablaba de ella en su sintonía). Descanse en paz.

Westworld, una historia con luces y sombras que no seguiré

Poster de Westworld

El parón navideño de series estadounidenses es perfecto para ver alguna de las nuevas que se haya quedado en el tintero. Llevaba semanas viendo entusiasmo por “Westworld”, lo último de Jonathan Nolan, y un par de personas me la habían recomendado además. Siendo de diez episodios su primera temporada, era fácil ponerme al día con ella. Y, admito que me duró poco el maratón, y no porque la haya disfrutado, más bien lo contrario, querer llegar al final para no dejarla ni tan siquiera a medias, me hizo utilizar el fast forward.

“Westworld”, cocreada por el señor Nolan y su mujer Lisa Joy, se basa en la película del mismo título que el célebre Michael Crichton dirigió y guionizó en 1973. La premisa nos lleva a una empresa que dirige un parque temático del oeste donde no hay ninguna montaña rusa, ni atracciones acuáticas ni puestos de comida.

James Marsden y Evan Rachel Wood en Westworld

Westworld, que así se llama el parque, claro, es un lugar en el que habitan unos anfitriones robóticos con tramas programadas al que los huéspedes, visitantes adinerados, se acercan para tener la aventura de sus vidas, ya sea persiguiendo a forajidos, visitando el salón/burdel, disparando a diestro y siniestro, o montándose una orgía. En este parque todo cabe, bueno todo, menos el libre albedrío de sus habitantes que sufren una y otra vez lo mismo en sus historias. Es como si vivieran en el Día de la Marmota pero interactuando con personas diferentes.

Mientras en la empresa que lleva el parque empiezan a surgir algunos problemas porque el cocreador del complejo, el doctor Robert Ford (Anthony Hopkins), tiene una mano férrea en lo que a los cambios se refiere y no es muy partidario de las historias nuevas que quiere iniciar el encargado de las mismas.

Anthony Hopkins y Jeffrey Wright en Westworld

Bernard Lowe (Jeffrey Wright), mano derecha podríamos decir tanto de Ford como de su jefa directa Theresa Cullen (Sidse Babett Knudsen) descubre que algo está pasando con los huéspedes y trata de averiguar qué es. Una de ellos, Maeve (Thandie Newton), empieza a darse cuenta de que su vida en el salón no es su vida en realidad.

Ciertamente, hay algo de “Westworld” que sí me ha gustado, la parte de la empresa y eso de que la inteligencia artificial se pueda rebelar contra sus creadores, algo que está en el aire desde prácticamente el principio. También me parece que la fotografía y la producción son fantásticas y que hay actuaciones muy buenas como las de Ed Harris o Thandie Newton, pero como conjunto, no me ha convencido.

Clifton Collins Jr. y Ed Harris en Westworld

La serie tiene cosas muy repetitivas y los episodios se me hicieron bastante largos por lo que más que entretenimiento no tardó en provocarme aburrimiento, de ahí que al final acabara optando por el fast forward para ver lo que realmente me interesaba de todo, lo de la empresa. De hecho, del parque los personajes más interesantes son el Hombre de Negro (Ed Harris) y Maeve, con mención especial a Lawrence, y es que siempre que veo a Clifton Collins Jr. pienso que es un secundario de lujo.

De mano de los dos primeros personajes vienen las revelaciones más interesantes de la trama de “Westworld”, que ofrece alguna más al espectador, sobre todo en los últimos tres episodios que componen los diez de la temporada. La idea que se baraja desde el principio, la del libre albedrío como decía, es muy interesante también pero por interesantes las revelaciones o sorpresivas algunas tramas, la serie de Jonathan Nolan y Lisa Joy es extremadamente lenta, dejando la mejor parte de cada episodio para el final. De ahí que me cansara.

Thandie Newton en Westworld

No tengo nada contra las series lentas, sigo algunas que lo son porque necesitan su tiempo para narrar lo que quieren, pero en el caso de “Westworld” esa lentitud me parece exagerada, para mí le falta ritmo. Por ello, por encontrarle más sombras que luces, curiosidad por ver la película tengo, pero de seguir la serie ninguna, así que aquí me planto. Una pena porque podría ser muy disfrutable, pero para mí es lo contrario. Eso sí, su factura, impecable, claro que no se espera menos de HBO.

Más nostalgia y buenos propósitos en la segunda temporada de Fuller House

Careta de la segunda temporada de Fuller House

Parafraseando a D. J. Fuller (Candace Cameron Bure), antes Tanner, “Oh Mylanta!”. ¿Por qué digo esto para empezar? Por el super enganche que tengo con “Fuller House” (Madres Forzosas en España) cuya segunda temporada estrenó Netflix el pasado 9 de diciembre y que consumí en cuatro sesiones antes de finalizar el año 2016.

Nostalgia, toda, porque bajo mi punto de vista “Fuller House” está hecha para los fans de su serie madre, “Padres Forzosos” (Full House), una de las series familiares por excelencia de finales de los años ochenta y principios de los noventa, de hecho la serie tuvo ocho temporadas entre los años 1987 y 1995.

La primera entrega llegó en febrero, puro entretenimiento con buenos propósitos y cosas repetidas de “Padres Forzosos”. Ya dije que de calidad no es que ande sobrada, no es un serión pero no va de ello ni es pretencioso, “Fuller House” es lo que es y se toma o se deja. Yo lo tomo, las veces que haga falta que desde el primer momento halló una fan incondicional en mí ¿cómo no? Para nostálgica quien escribe estas líneas.

Candace Cameron Bure, John Brotherton y Scott Weinger en la segunda temporada de Fuller House

A ver, si fuera un mierdón pues no me molestaría, no lo es desde luego. No hay series así en televisión, estas de buen rollismo familiar con sus diversas historias de amistad, amor, familia, etcétera, que no pretendan solo hacer reír. En los ochenta y en los noventa había muchas, herederas de aquellas que se hicieron décadas antes y que tomaron el testigo acompañándonos durante muchos años (y reemisiones). Eso fue “Padres Forzosos”, eso puede llegar a ser “Fuller House” (ojalá).

¿Cómo no ser fan de una serie en la que de vez en cuando sigue apareciendo el estupendísimo tío Jesse (ay, John Stamos y su pelazo), donde las protagonistas crecían a la vez que los espectadores más jóvenes porque eran unas crías. Con D. J., digna heredera de su padre, una Stephanie (Jodie Sweetin) que ya era un personajazo de pequeña y lo sigue siendo de mayor (y somos de la misma generación, la del 82, ¿cómo no iba a ser mi Tanner niña favorita?) y la robaescenas que las sigue haciendo suyas, Kimmy Gibbler (Andrea Barber) que nunca debió desaparecer de televisión pero que lo hizo para volver en la que la identificamos todos los que en su día seguimos “Padres Forzosos”.

Bob Saget, John Stamos y Dave Coulier en la segunda temporada de Fuller House

Y es genial ver a Danny (Bob Saget) y a la tía Becky (Lori Laughlin) y por supuesto ver cómo Joey Gladstone (Dave Coulier) sigue cortando el rollo como nadie. Sin olvidarme de Steve (Scott Weinger), que sigue tan hambriento como siempre.

Pero es que los demás aportan porque los niños de la serie son de otra generación, aunque tienen problemas similares, pero también se pelean, bailan, sacan malas notas y no quieren decepcionar a sus progenitores. Y, no me dejo tampoco a Matt (John Brotherton), y a otro robaescenas cada vez que dice “Kimberlina, mi amor” (así en versión original), Fernando (Juan Pablo Di Pace), que a veces sus personajes no están sembrados pero lo que alegran la vista, madre mía.

Jodie Sweetin en la segunda temporada de Fuller House

La segunda temporada ha tenido más música, más amor, visitas familiares, parodias y homenajes (el de “I Love Lucy” de 10), festividades y muchas buenas intenciones, como siempre.

En fin, que gracias una vez más Netflix porque has confiado en “Fuller House” y en este 2017 nos vas a dar 18 episodios en vez de 13 que se consumen en nada y saben a bien poco. Larga vida a los Tannerinos, Gibblerinos y Fullerinos, que los Fannerinos lo agradeceremos.